miércoles, 30 de diciembre de 2009

sayonara ´09

No es 31 aún, pero paso de las convencionalidades (aunque escribir una reflexión lo sea) y además, mañana no tendré tiempo de engancharme a recordar media vida.

Y despido el año en japonés, como a mí me gusta.

Es difícil y largo contar y contar sin parar una parrafada inmensa sobre este año 2009, curiosamente un año cuyo número final es uno de mis favoritos.

Solo diré que las emociones y todo lo vivido se podría meter en un saquito pequeño de esos rojos aterciopelados que Papá Noel lleva a la espalda; pero no, más pequeño aún, un saquito que te quepa en la palma de tu mano.

Seguramente todo el mundo dividiera sus cosas buenas en un saquito y las malas en otro. Pero, por mal que suene, no hay mal en este mundo que por bien no venga. Y he descubierto que es cierto. No puedes hablar de algo malo que te haya pasado sin que algo bueno le siguiera.

Para empezar, el curso que terminó fue bastante extraño. Aunque tengo cierto conflicto con China que todavía me duele y me ha dejado secuelas y traumas, y mi querido peluche nos dio algún que otro susto, ese fue el mejor año de mi vida, sin duda alguna.

Este nuevo curso que hemos empezado parece venir cargado de cosas. No se si buenas o malas, ya veremos qué decimos en el resumen del año que viene, que lo habrá. De momento, ha empezado bien. Tengo a mis amigos a los que adoro, tengo ánimo para seguir y tengo fotos, miles de fotos y momentos.



También me gustaría olvidar el dolor, el sufrimiento y las lágrimas de este agosto de dos mil nueve, en el que creí vivir la peor experiencia de mi vida. Pero esa vivencia va directa al saquito y la conservaré por siempre. ¿Por qué, si duele, para qué recordarla? Pues porque gracias a eso sigo sonriendo hoy. Y porque en ese tiempo también viví momentos espectaculares. Nunca estuve sola. Los amigos que nunca creí encontrar, aparecieron de la nada, aunque realmente siempre hubieran estado ahí. Cuando lo recuerdo, lloro. Pero de alegría.

Mi vida está completa, de alguna forma. Siento que puedo con todo, que tengo que seguir adelante siempre y que no puedo rendirme, porque, si yo me rindo, ¿quién luchará por mis sueños? Nadie, eso es algo que solo yo puedo hacer. Y estoy dispuesta a hacerlo, sin dudar.


He pensado muchas veces que quizá es en esos momentos de debilidad y miedo cuando te dedicas a pensar en tu vida, en lo que has hecho y en lo que te queda por hacer. Y cuando acaba, terminas por pensar que solo ha sido algo más, como un beso o una caricia, aunque no tan agradable, pero solamente, algo más que llega, pasa y se va. Como todo en esta vida.



Este nuevo año quiero que venga cargado de ilusiones, de sueños por cumplir, de sonrisas y de cariño. Quiero vivirlo. Y quiero guardar el saquito junto todos los que pienso crear a partir de hoy. Porque ahora, es cuando empiezo a poder juntar mi felicidad en ese saquito rojo llamado corazón.



Vane.

sábado, 26 de diciembre de 2009

hipocresía ¿sola o con un poquito de vino?

No se cómo sentará peor, si a palo seco o acompañada de un poco de petróleo tinto que no llega ni al rango de vino para freír espárragos.

La navidad es algo muy bonito. Ese algo bonito se disfruta en famila. Esa familia debería ser gente cercana, que te llegan al corazón, gente en la que confías y con la que sonríes; pero en la mayoría de los casos, son gente que ves cada año en la misma fecha y a la misma hora en el mismo restaurante de la misma calle. Son personas que ni sienten ni padecen si faltas; gente que sonríe y te dice: que guapa, como has crecido, qué delgada estás, cuanto has adelgazado (lo que significa que antes estabas tan gorda como una puta vaca en celo), te ha crecido el pelo. Qué gilipollez, por dios. Sí, hace un año que no nos veíamos, ¿como quieres que no me crezca el pelo, so lerdo?
Y así, una tras otra.
También están las cenas de las buenas, esas que son caseras, en las que te rodeas de esa gente cercana a la que tanto quieres, en las que nadie te dice nada por pelar una gamba con las manos y entocinarte el hocico con la salsa del cordeor, en las que comes turrón hasta hartarte y nadie te tacha de zampona, en las que bebes más de la cuenta y te echan un poquito más en la copa, en las que haces una broma y hasta el que la sufre se parte de risa, en las que se juega a las cartas, al mus, al parchís, al trivial, al risk o al cluedo, en las que haces recuerdos que duran mucho tiempo guardaditos en el corazón.

Esas cosas te besan la cara y te escupen sonrisas. Y es por esa última navidad, por la que merece la pena mirar al cielo y sonreir al ver la nieve cayendo suavemente sobre tu cara.

martes, 22 de diciembre de 2009

otro frío y azul mes de diciembre.


Parece que la navidad nos afecta a todos, de una manera u otra. Normalmente nadie lloraría por un año que se termina. Pero quizá me de cierta pena abandonarlo, porque mi vida ha empezado hace muy poco y cada día, cada hora y cada minuto, son importantes para mí. Rídiculo, más después de todo lo que he podido sufrir y llorar, toda la rabia que he sentido, todo el odio que he acumulado hacia cierto engendro. Pero espero tener la oportunidad para poder demostrar que, si estoy aquí, es por algo. Que mi vida se volvió del revés un día, pero en una tarde gris en la que estaba a punto de llover, pude seguir adelante sin mirar ni una sola vez atrás. Que puedo sonreir porque soy feliz. Que puedo vivir porque quiero existir.


Mi poca experiencia me dice que todo puede salir bien. Mi instinto lo corrobora. Y hace tiempo que aprendí, que dejarse llevar por los instintos no te convierte en una bestia, sino que, la mayoría de las veces, te guía por el camino correcto. Aunque claro, siempre estará el camino que el corazón elija. Y entonces, se pelearán, porque el insitinto a veces juega el papel de la razón. Aún así, el mundo no se parará mientras decides. Solo sigue.


Yo no tengo nada que perder.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

mirada crítica


Y una vez más, todo se vuelve grís y frío.

El sentimiento de no poder contra las cosas, de que todo te puede y se te cae encima... ese es mi concepto de ARTE, una mierda como una catedral gótica con sus vidrieras, su triforio y sus gárgolas. Una cagada de planta basilical y pinturas al fresco.
Y no bastando con eso, son 626 o más diapositivas a memorizar para vomitar 20 nombres, 20 localizaciones, y situar seis putos estilos en sus malditos siglos y años. Ah! Se me ha olvidado el niño de la curva!
Si es que no puedo estar en todo, hombre!


¿Por qué, amor mío? ¿Por qué creí que nos entendíamos y resulta que me odias? Porque no entiendo nada de lo que piensas o dices, querido Aristóteles. Bah, echémosle la culpa a mi amado profesor de filosofía cuyos apuntes no soy capaz de desencriptar yo sola.
Porque tu me amas, ¿verdad?
Y ahora que coño hago divagando de esta manera? ¿Qué ha sido esta ida de pinza? Vale, si lo sabe alguien, el prefijo del Planeta Galleta es el 1822. Gracias.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

vainilla.


¿Por qué? ¿Por qué no sonríes como entonces?


Recuerdo verte correr agarrada a mi mano, tratando de seguir mi ritmo. Sonreías siempre que me giraba a mirarte mientras te guiaba hacia la base secreta que había construido con mi padre. Subiste detrás de mí. Al principio te daba miedo, porque el árbol era alto. Salí y te tendí mi mano, diciéndote que no pasaba nada, que subieras conmigo.


Volviste a sonreir con esa hermosura que te caracteriza. Subiste por la escala de cuerda y alcanzaste mi mano. Al rozarme, sentí un cosquilleo y luego te ayudé a llegar hasta mi lado.


Al ver lo que había construido con mis manos y mi esfuerzo, volviste a regalarme una sonrisa más. En ese momento supe que te amaba más que a nada que pudiera tener o más que a cualquiera que pudiera conocer. Supe que, si no eras tú, no sería nadie.


Me encantaba cuando te sonrojabas porque parecias una flor de cerezo a punto de abrirse y mostrar todo su esplendor.



Entonces aquel día, mientras limpiabas la herida de mi mano en aquel mismo rincón donde tantas cosas habíamos pasado, quise besarte y llevarte conmigo. Y lo hice. A pesar de que sabía que, si te robaba un beso, te arrastraría conmigo. No quería hacerte daño. Pero lo hice. Nunca olvidaré el dulce sabor de tus labios. Vainilla.


No puedo perdonarme, no lo haré nunca.

Porque desde entonces, no he vuelto a verte sonreir como aquel día, cuando tu mirada se iluminó, dando luz a mi mundo de oscuridad.





Te quiero.

lunes, 30 de noviembre de 2009

save you.


Respira.
Yo mismo tiraré de nosotros.
Solo un paso más y alcanzarás la puerta.
Nunca sabrás cómo me deshace
verte así.


Desearía poder decirte algo
y alejarlo todo.

A veces desearía poder salvarte,
y hay muchas cosas
que quiero que sepas.
No voy a rendirme hasta que esto se termine
Si te lleva para siempre,
quiero que sepas…

Cuando escucho tu voz,
se está ahogando en susurros,

Son solo piel y huesos
no hay nada más para sacar.
No importa lo que haga
no puedo hacerte sentir mejor


Si solo pudiera encontrar la respuesta
que me hiciera entender…

A veces desearía poder salvarte,
y hay muchas cosas
que quiero que sepas.
No voy a rendirme hasta que esto se termine
Si te lleva para siempre,
quiero que sepas…


Si te caes, tropiezas
te levantaré del suelo,
si pierdes la fe en ti mismo,
te daré la fuerza para salir.

Dime que no te vas a rendir,
voy a estar esperando por si caes.
Sabes que voy a estar ahí para ti.

Desearía poder salvarte.
Quiero que sepas que
desearía poder salvarte.

jueves, 19 de noviembre de 2009

daybreak


La lluvia golpea con viloencia la ventana de mi habitación. Mis ojos se niegan a cerrarse, así que me levanto. Bajo al salón y miro por la ventana. La chimenea, al lado de la ventana, sigue encendida.

Me siento bajo ella y al calor del fuego. Al ver las chipas saltar y extinguirse, me da un escalofrío. Sin darme cuenta, reparo en que mi hermano ha vuelto a dejarse la guitarra sobre el sofá. Es un desastre de chico. Dudo. Pero al final, la cojo entre mis brazos y la acaricio. El suave tacto de la madera me produce un suspiro de nostagia.

La miro bien y, como siempre, está afinada. Con lo que él la quiere no la guardaría desafinada en su funda.

Rozo las cuerdas y las hago sonar levemente. Finalmente, empiezo a dibujar con mis dedos las notas de aquella canción. El viento chocando en la ventana y las paredes parece querer susurrarme la melodía al oído.

Siempre había sentido pasión por tocar. Era mi sueño. Viajar con mi guitarra allá donde el viento me llevara.

Pero ese sueño tuvo que esfumarse cuando mi vida cambió radicalmente. Ciertamente, ahora no estoy tan sola como antes. Pero he perdido la pasión por tocar que había nacido en mí. Ahora, rozar esta guitarra que está entre mis manos solo me produce tristeza, así como sus acordes melancólicos.

Sabía que el día que dejara de acariciarla, esa sensación que producía en mí desaparecería. Quizá no puedo quejarme, ya que soy bastante feliz. Estoy pasando unos días con mi hermano en esta cabaña alejada del mundo y mi inspiración me acompaña.


Pero creo que, a veces, te echo de menos. Mucho de menos.





Como cambia la vida, ¿verdad? Se me empaña la mirada si miro atrás.




Nos gusta quedarnos en silencio y acordarnos de lo que se marchó. Y así despertamos con el alma echa pedazos. ¿Qué puedo decir? Cómo cambia la vida.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

one more time


[...]



¿Alguien tiene un mapa de dónde se esconde la felicidad?
¿Alguien sabe dónde anida la libertad?
¿Alguien tiene idea de por qué no encuentro esto que otros dejan tan a mano, sí, esto que se llama amor?


Si alguien puede contestar, que me llame. El prefijo del Planeta Galleta es el 1822.
Gracias.




Muchas cosas que hacer, poco tiempo material.


Psicosis. Siniestro total.

martes, 17 de noviembre de 2009

fuck, joder, fuck...

Deprimente.


No es posible hacer seis cosas a la vez. Lo se, lo he comprobado.
Estoy totalmente perdida. No es que solo lo vea todo blanco o negro, no, también hay gris... casi más oscuro que el propio negro, joder.

¿Autoestima? ¡Sí, mucha!



¿Alguien ha notado la ironía? Genial.




No he estudiado nada de nada. Pero al menos tengo los capitulos 13 y 14.
Joder! ¿Y el tema 7 de Geografía? Nada, antes del recreo a pijo sacao a la fotocopiadora, sin más.


Joder, qué día. Ya está siendo malo antes de acostarme y levantarme. Que mierda.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Breakthrough.


Nos pasamos la mitad de nuestra vida preocupándonos por cosas insignificantes que nos parecen el fin del mundo en ese momento.


Pero el destino nos tiene preparadas muchas lecciones para que recapacitemos y pensemos en qué es lo que realmente merece la pena que ocupe nuestros pensamientos e inquietudes…
Discutimos a cada rato con tal de llevar la razón en nimias tonterías que no tienen importancia y criticamos a la gente por el simple hecho de hacerlo.


Y después, ¿qué? ¿Te ha servido para algo? ¿Has sacado algo positivo? Piensa en ello y verás que no. Nuestra existencia es mucho más sencilla de lo que apreciamos a simple vista, somos nosotros mismos los que la complicamos cada día. Siempre buscamos preocupaciones y problemas donde quizás no los hay, si miras ese instante de tanta preocupación que tú crees que tienes, desde el exterior, como si fueras otra persona que observa, te reirás al ver cuánta energía estás malgastando pudiendo emplearla en algo mejor y más fructífero. Eso no ocurre siempre, por supuesto que no, hay veces que existen verdaderos problemas que debes solucionar, pero siempre hazlo desde la calma, verás que no es tan complicado como parece el hacerlo. En muchas ocasiones, nos lamentamos viviendo siempre en el pasado: ¿Y si hubiera…? ¿Qué hubiera ocurrido si…?


¿Crees que pensando en ese pasado, que pasado es, lograrás cambiarlo?
La respuesta es no, entonces, ¿por qué malgastas tantos pensamientos que podrías emplear en el presente que vives ahora?


Y el futuro, ¿cuántas veces gastas tu tiempo en pensar en él? ¿Crees que si piensas y planeas lo que ocurrirá mañana o dentro de unos meses estás consiguiendo algo? Todo podría cambiar en unos segundos y lo que habrías planeado para ese futuro se irá al traste… ¿Qué harás? ¿Volverás a malgastar tiempo planeando de nuevo?


Lo ideal sería disfrutar el "ahora" de cada instante al máximo, sin pensar en lo pasado ni en lo futuro, simplemente viviendo y haciendo lo posible porque tu "ahora" sea una experiencia positiva que te abra las puertas a un futuro mejor y que puedas recordar ese futuro con alegría cuando ya sea pasado. Así no tendrás que preocuparte por el qué podrías haber hecho o no, sin dudar, ya que sabes que lo has aprovechado en hacer cosas que realmente deseabas hacer, que disfrutaste de cada segundo hasta de las cosas más simples que tenías a tu alrededor y siempre procurando no dañar a nadie.


¿Alguna vez te has fijado en que si cambias tu perspectiva de ver las cosas que te suceden cambia todo a tu alrededor?
Quizás alguna vez viste todo negro, pero, de repente, encontraste un resquicio blanco y te aferraste a él haciendo que lo que antes parecía completamente negro se convirtiese en mezcla de negro y blanco y, aunque fuese una experiencia nefasta como parecía desde un principio, lograste aprender de ella, encontrar el lado positivo, salir de ese pequeño bache y ver brillar la luz…


¿A que no era tan negro como creías, eh?
Quizás estés en el grupo de los que siguieron viéndolo negro, no encontraron ese resquicio de luz y aún te estés lamentando por aquel episodio de tu vida…


Siempre hay un resquicio esperándote a que lo descubras, todo tiene solución, sólo tienes que abrir bien los ojos, observar la situación y encontrar la serenidad suficiente para mejorarla. Y aprender, siempre se trata de aprender, aunque a veces la lección sea tan difícil como lo es la vida misma, que nos está enseñando día tras día y apenas nos hemos dado cuenta de ello.
Obsérvala, vívela y aprende de ella, es tu mejor maestra.



[...]

sábado, 14 de noviembre de 2009

I need the exit, I need the Game Over.

NO HAY NADA MÁS PATÉTICO QUE UN PERDEDOR CON SENTIMIENTO DE CULPA.


Y tampoco que una persona que se compadece de sí misma.
Aunque sea lo que Hikari lleva haciendo durante muchos años en la soledad y el silencio de su alma. Porque cree que debería ser capaz de sentir sin necesidad de empujar el destino, cosa que no quiere/puede hacer.
Pero tranquilos todos. Lo tiene asumido. Será feliz. O al menos, lo intentará.

No es que se sienta inferior. Solamente es realista. A veces, una realista aplastante. Pero soñando con principes azules o Romeos, no va a conseguir nada. Ya es hora de despertar. A su edad y seguir soñando con eso... es una estupidez que solo cometería una estúpida. Como ella.
No sabe si eso la llevará a algo más que a llorar o frustrarse, pero es así cuando me da por sentir.

Y piensa en esto ahora porque ve la felicidad a su alrededor, pero no es capaz de sentirla. Y eso es lo más triste que te puede pasar. Según Hikari, por experiencia propia.



Dime cómo vuelvo a empezar.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Volver a empezar.

Nunca quise despertar sin ver el sol.
Dime como hacer para olvidar mi error.

Y cómo aceptar que hoy estás con alguien
y que no quieres seguir...
que te hago sufrir.


¿Dime cómo hacerte olvidar?
¿Dime cómo hacerte borrar?
Todo lo malo que te di.
¿Dime cómo vuelvo a empezar?


Lo peor de todo es que el culpable soy yo.

No hay prueba más dura que asumir una equivocación.


Me dejé llevar y la cara oculta de mi vida salió...
rompiendo tu corazón.

Te juro que no me perdono el no hacerte feliz,
como ahora es otro el que te abriga,
el que te hace sonreir.

Parece que si me levanto volveré a caer.
Que ya no encuentro salida.





Infinitamente siempre. Las cosas cambian. Cambian Mucho.
No podemos perdirle al destino que tenga piedad, ni que cambie.
Somos los seres humanos los que tenemos la capacidad para hacerlo diferente.
Somos nosotros los que tenemos la facultad de corregir nuestros errores.
Somos los hombres los que somos capaces de arriesgar la vida para construir un futuro.


Arriesgar la vida es desafiar al destino.


Eso es, en resumen, VIVIR.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Entes y seres. ¿Ideas o realidades?

- ¿Vas a besarme o te pasarás todo el día frente a mi? – musitó ella.
- Podría pasarme toda la vida frente a ti y sobrevivir solo contemplándote como estoy haciendo ahora. – murmuró él.

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Debería estar estudiando, vale, sí, lo sé. Pero estos dichosos griegos, como no tenían otra cosa mejor que hacer porque todavía no se había inventado el fútbol, pues pensaban demasiado. Y ahora me están haciendo pensar a mí.

A ver, ¿por qué los humanos tenemos cierta tendencia masoquista a complicar las cosas más de lo que en realidad son? Porque vamos, parece que nos gusta torturarnos pensando más de la cuenta





Será precisamente porque somos humanos...

Y porque somos humanos y estúpidos, la esperanza es lo último que perdemos.

Quizá porque soy humana y estúpida, sigo con la esperanza de (aprobar) salir adelante.

martes, 10 de noviembre de 2009

La vida pirata la vida mejor.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Believe In.

Llueve en la ciudad.

El cielo está cubierto de nubes negras como el asfalto, sin dejar apenas un huequecito por donde la luz pueda entrar.

Luz y oscuridad. Oscuridad y luz. Opuestos y complementarios. Y ambos necesarios.

El agua golpea las ventanas con fiereza. Parece que alguien está enfadado y gritando contra el mundo. Bueno, no es de extrañar.

Creo que estos cambios de clima no me benefician en lo absoluto. Me duele el cuerpo. Y además, eso me inspira miedo, pues nunca antes me había pasado esto.
Oh, claro, lo olvidaba. Nada volvería a ser lo mismo después de este (más que olvidable) verano.

No quiero unirme a la lluvia. No quiero llorar.

miércoles, 21 de octubre de 2009

En algún lugar.

La mente grita ten más juicio si es que no quieres llorar por nada. Y aunque no se puede controlar el viento, pero sí ajustar las velas. Muévelas hacia donde el viento no dañe tus ojos; hacia donde el destino no dañe tu corazón.

Empieza a pensar como quieres vivir y ten el valor de tus sueños cumplir. Tal vez sea el momento de problar algo nuevo; algo dulce, como la crema de chocolate, algo como una sonrisa de mano de una confianza ciega.
No debemos confiar ciegamente, quizá. Pero ¿sabes qué? que el que nunca se arriesga se suele perder lo mejor.

Sigue a tu corazón, mereces ser feliz.

jueves, 15 de octubre de 2009

No, solo son recuerdos

¿Pero tú que te has creido que es el corazón?

Si no dejas de meter cosas inútiles dentro, acabará lleno. Y entonces no habrá sitio para cuando las cosas importantes lleguen. Será demasiado tarde para vaciarlo y entonces, perderás todo aquello realmente importante.

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Una cobarde que finge ser fuerte, una cazadora de sueños imposibles, una ladrona de sonrisas frustrada, una peligrosa estúpida, una estúpida peligrosa, un corazón dormido, un titán muerto, un siniestro total, una condenada fracasada y una inexistencia.


¿Alguien da más?
Estupendo.

martes, 13 de octubre de 2009

El Valor Para Cambiar El Camino Equivocado.

Pongo el pie en la tierra con fuerza. El sol me daña los ojos. Cruzo la primera puerta. Camino con decisión hasta la segunda, la que esconde mi libertad. Una de esas odiosas mujeres todavía me acompaña, como si creyera que voy a volver ahí dentro. La puerta se abre por fin. Cuando la cruzo, suspiro. Respiro hondo. La libertad huele sumamente bien. Pero mi tranquilidad dura unos segundos. Veo un coche apostado en la acera, a unos cuantos metros. Ese coche lo conozco. Él está apoyado en la puerta, mirándome fijamente. Trato de hacer como si no lo hubiera visto, y en lugar de acercarme, camino por la otra acera y por la avenida que hay a mi izquierda. Le oigo gritarme. No, no quiero, no puedo pararme. Si lo hago, volveré a perder todo cuanto me queda. Mis pies echan a correr, aterrados como mi corazón ante la sola idea de volver a verme entre sus brazos. Me doy cuenta de que no me sigue más allá de la mitad de la calle. Sigo corriendo, algo más despacio. No se a dónde ir. Tantos años encerrada entre aquellas cuatro paredes mal levantadas hacían estragos en la memoria. Empiezo a caminar hacia un lugar que debería seguir como entonces, como lo dejé. Después de tener el alma y la libertad guardadas bajo llave, necesito ver el color verde del campo. Llego hasta la orilla del río. Desciendo hasta la ribera y me siento. Respiro hondo. No se como he podido soportar aquella prisión de barrotes y mujeres locas y peligrosas. Ni siquiera se como he salido con vida, después de lo que le sucedió a la última que osó desafiar a la que se creía dueña, reina y señora de todas nosotras, no siendo más que una privada de libertad como todas. Una mujer con ansias de poder, eso es lo que pienso.

Además, miro el curso de río. Y le recuerdo a él. Al otro él. Si no hubiera cometido la mayor estupidez de mi vida, quizá él estaría sentado a mi lado. Pero no, tuve que ser más y mejor que las demás y lanzarme a jugarme la vida con ese maldito desgraciado que permitió que me encerraran a cambio de su propia libertad. Si solo hubiera escuchado a mi corazón, no habría pasado tantos años perdida en la oscuridad de la soledad. Le amaba tanto que le dejé y entonces, me embarqué en una vida suicida. Y ahora estoy aquí, en el río donde nos veíamos, donde conversábamos, donde le dije por última vez cuanto le amaba. Ilusa de mí, esperar volver a verle. Él tiene su vida, es feliz lejos de mí; no puedo culparle, solo yo tengo la culpa de todo esto. Ahora solo tengo que salir de aquí y volar lejos, muy lejos. Empezar de cero.

De repente siento cómo estos deseos se desmoronan. No, no quiero irme. ¿Por qué? Por la mirada que siento tras mi espalda, clavada en mi pelo. Oigo unos pasos deslizarse a mi lado; mis sentidos se han agudizado, dentro de aquella cárcel siempre había que estar alerta. Tiemblo entera cuando oigo su dulce voz susurrar mi nombre.

No, te has equivocado, quiero decirle. No quiero arruinarle la vida como hice con la mía. Pero al girarme a mirar sus ojos, me quedo colgada, enganchada a él como el drogadicto a la cocaína. Veo una fea herida en sus labios. Me levanto de golpe.

Fui a buscarte, me susurra.

Él lo sabía, sabía que yo salía hoy de aquel encierro. Mi corazón palpitó. Até cabos entonces. Allí estaba él. Supe que se habían peleado y me sentí culpable de sus heridas. Todo había sido por mi culpa, todo.

No he podido dejar de pensar qué te diría cuando volviera a verte y ahora no puedo hacer otra cosa que contemplarte, oigo en mi oído.

Demasiado cerca. Le amo. Pero quiero irme. No puedo hacerle daño. No a él. Cojo mi bolsa y me apartó de él, sin dirigirle la palabra. Pero no me deja llegar más allá de los primeros dos pasos. So voz vuelve a detenerme. Suena como una dulce melodía que he ansiado oír durante años, y con la que he soñado cada noche.

Te quiero.

Y yo sé que es verdad. Me ha esperado todos estos años y ahora se presenta aquí, buscándome y hablandome como si tan solo hiciera unas semanas que no nos vemos. Supongo que igual que yo he conservado intacto mi amor por él, él habrá hecho lo mismo, o por lo menos, eso parece. Me giro a mirarle. Su sonrisa, la de siempre, está ahí. Y su mano esperandome, tendida hacia mí. Me ofrece una nueva oportunidad. ¿Y si todo sale mal? ¿Y si le hago daño? Parece que él ya ha pensado en todo eso y aún así, está aquí, de pie, frente a mi y con su mano tendida, esperándome.


Extiendo mi mano y aferro la suya. Rápidamente, se funde conmigo en un abrazo. Y definitivamente, me deshago en lágrimas, gritandole miles de cosas que él, simplemente, escucha con calma y una sonrisa. Y con su siempre protector brazo a mi alrededor. Como fue siempre.

domingo, 11 de octubre de 2009

Sweet Seventeen, My Teddy Bear

Una fina raya de luz iluminaba la habitación. Ella, molesta incluso por aquella pequeña luz, se da media vuelta en la cama. Al darse cuenta de que puede abarcar la gran cama ella sola, abre los ojos lentamente. Él no está. Pero nota un ligero olor a café.


A pesar de hacerlo con cuidado, no es capaz de encender la vela con el número 7. Se le resiste. Hasta que al fin, lo logra, llevándose de recuerdo una pequeña quemadura. La tarta de chocolate que su madre hizo la tarde anterior seguía con una pinta tan dulce y exquisita como si la acabara de hacer. Lentamente, vuelve a la habitación.


Abrocha el último botón de la camisa blanca que le había quitado a él la noche anterior y entonces, la puerta se abre. No sabe qué cara poner al verle entrar, iluminado solamente por dos mechas pequeñas, con una bandeja en la que lleva una tarta redonda y probablemente de chocolate. La sonrisa se dibuja sola en sus labios.


Pone la tarta sobre la cama, entre ellos. Se sienta al lado de ella y la da un beso en el oído. Ronronea. Felices y dulces 17, amor mío. Pide un deseo.


Ella mira la tarta. Está más que claro que la ha hecho la madre de él, una mujer a la que admira y quiere; sobre todo, a sus postres. Cierra los ojos y sopla con fuerza. Siente el aire escapando de sus pulmones como precipitado hacia fuera, como si tuviera ganas de salir. Salir para hacerle un hueco a todo el chaparrón de sentimientos que se arremolinaban dentro de ella; es el primer cumpleaños que pasa con él a su lado.


Hunde el dedo en el chocolate, ante el reproche de la chica, que se ha acostumbrado a la poca luz y le basta para verle. Entonces lo pone sobre los labios de ella y la besa con pasión. Ella cierra los ojos y lo disfruta. Entonces se levanta, recordando que ha dejado el café en la cocina porque no podía con todo.


Ella le ve salir de la habitación y solo puede pintar una sonrisa más amplia. Vuelve la vista a la tarta y descubre una inscripción en ella, hecha también con chocolate. Entorna los ojos para poder leerla. Feliz cumpleaños, niña azul. Tanta felicidad no puede ser buena, eso es lo primero que se la pasa por la mente al leer aquello, ante lo cual ya no puede sonreír más ampliamente y se pone a reír a carcajadas.


Él reparte el café, sabe perfectamente cómo le gusta a la niña. Cuando vuelve a la habitación, deja ambas tazas sobre una mesilla y se acerca a levantar la persiana. El sol les inunda por completo. Entonces le tiende su café a la chica y vuelve a salir. Esta vez, cuando vuelve, lleva algo consigo. Ella quiere llorar al verlo. Abre la funda con cuidado, como lo hace siempre. La coge entre sus brazos y se sienta frente a la chica.


Cierra los ojos cuando suenan los primeros acordes. Deja que la música de la canción que está interpretando de manera excepcional, inunde su ser por completo. Vuelve a abrir los ojos y le mira. Adora contemplarle acariciar su guitarra tan suavemente, creando aquella maravillosa sinfonía de susurros.


Termina con un último y largo acorde. Cuando la mira, solo puede sonreír. Deja su querida guitarra apoyada en la pared y vuelve a la cama, junto a ella, esquivando la tarta que sigue sobre las sábanas. La chica le recibe con un beso. Antes de que pase algo con la tarta, parten dos porciones y se la comen como desayuno. Y como todos los días, hablando de diversos temas que a ambos les interesan.


El día se completa con un paseo por el campo, por una ladera desde la que pueden contemplar el mar. En lo alto de la colina, donde está el faro, se quedan a comer. Él mismo se ocupa de preparar la comida y todo cuanto necesita para hacer de aquella una velada especial bajo la luz del sol, las nubes y olor del mar.




¿Qué es la felicidad? La felicidad es lo que sienten cuando están juntos. _________________________________________________________

0:22 del 11 de Octubre de 2009
Creí que las palabras sobrarían, así que he escrito esto; recuerdo que felicité a Paula usando lo que había escrito del cumpleaños de Azalea. Pero para ti, tenía que darle al coco y pensar en algo digno.
No se que decirte, cariño. Sabes que te quiero y que eres lo más importante, y que lo seguirás siendo así pase el tiempo y la vida nos separe. Realmente eres como un angelito de la guarda; me conociste y me salvaste, no solo de la crueldad de la realidad, sino de mi propia soledad y mi miedo. Estuve en tus 15, estuve en tus 16, estoy en tus 17 y espero estar ahí para siempre; a pesar de que nada es eterno, siempre es siempre.
Disfruta mucho, por favor. Tú sí te lo mereces. Te quiero mucho. (L)

viernes, 9 de octubre de 2009

Sopla la nieve, llama el glaciar.

El viento sopla con tanta fuerza, que los árboles caen rendidos ante su potencia. Los copos de nieve se arremolinan violentamente frente a la ventana, formando pequeños ciclones. Su madre tenía razón cuando la dijo que no debería haber ido a esquiar. Más que nada, porque parecía un pato, y a causa de su torpeza, había acabado hundida en la nieve hasta el cuello. Menos mal que allí dentro la estufa calienta la habitación y sus huesos ya han entrado en calor. Pero aún así, se siento fatal. Sus ojos empiezan a nublarse, a cerrarse lentamente. Apoya la frente contra la ventana. Está fría, cosa que agradece. El cuerpo la pesa, e incapaz de soportar su propio peso, las piernas se la doblan y se deja caer al suelo. Algo no está bien.


Por fin agua caliente. Se moja la cara con ambas manos y se mira al espejo para recogerse el pelo. Sale del baño, comentando tranquilamente que sería bueno ir pensando en bajar a cenar, porque tiene hambre. Entonces ve su cuerpo desfallecido y encogido bajo la ventana, tendido en el suelo y sin señal de movimiento. Corre, como si nunca fuera a alcanzarla. Nada más rozar su blanquecina piel siente el calor que ésta despide. No hace falta ser médico para saber lo que le pasa. La nieve. A pesar de ir abrigada hasta los ojos porque era muy friolera, haberse caido de lleno en la nieve unas cuantas veces esa mañana no la había sentado bien. Casi con miedo a que se rompiera entre sus brazos, la levanta del suelo. Aparta las sábanas de la cama y la pone dentro, arropándola hasta taparla incluso la boca. Entonces sale corriendo de la habitación y camina rápido escaleras abajo.


El peso de las mantas la agobia un poco; el calor que despiden la agrada y la molesta a la vez. Es como si su cuerpo fuera un horno al rojo vivo. Se siente incapaz de abrir los ojos, la pesan los párpados y la cabeza parece querer estallar en mil pedazos. Aún así, puede sentir que él no está allí, con ella. Pero no tiene fuerzas ni para intentar levantarse, y mucho menos, para buscarle.


Abre la puerta con sumo cuidado y la cierra del mismo modo. Se sienta al borde de la cama y la destapa un poco. Introduce la mano bajo la nuca de la chica y trata de incorporarla un poco. Ella hace un ruido extraño, un gruñido, una queja. Lentamente, él desliza su mano libre hasta la mejilla ardiendo de ella, y con cuidado, roza sus labios con el dedo pulgar. Después de acariciarlos unos cuantos segundos, trata de introducirlo en su cavidad bucal, consiguiendolo al fin. Entonces pone dentro una pequeña pastilla de color blanco y la obliga a tragársela acompañada de un poco de agua.


Solo es consciente de que algo se desliza por su garganta hacia su estómago. Cuando su cabeza vuelve sobre la almohada, hace otro sonido de molestia. Siente un suave ronroneo en su oído, algo que no es capaz de descifrar en el estado en el que se encuentra. Al posarse sobre su mejilla los labios de su chico, la parecen una bendición; están fríos comparado con su temperatura corporal actual. En este momento, solo quiere dormir.


Piensa en bajar a pedir una manta más para ponérsela también encima. Odia verla en ese estado. Débil, desprotegida, enferma, triste, silenciosa. Entonces, de pronto, las luces del refugio parpadean. Y finalmente, se apagan. Refunfuñando y resoplando, sale de la habitación y baja corriendo. Cunde un poco el pánico. No hay luz ni calefacción. Eso es preocupante; el estado de la chica podría empeorar si eso continuaba hasta por la mañana. Y nadie podía ayudarles, la tormenta les ha incomunicado por completo. Pide definitivamente otro par de mantas y vuelve a la habitación.


Solo oye los latidos de su propio corazón restallar contra sus oídos en su cabeza.


Echa las mantas sobre el cuerpo de la chica, sobre las que ya la cubren. Pasa una hora, quizá dos. La luz y la calefacción se niegan a volver. Toca la frente de la chica y siente que el calor de su cuerpo, en vez de bajar, aumenta. Maldiciendo por lo bajo, se quita el jersey de cuello vuelto de color marrón que lleva puesto. Y luego, la camiseta de manga larga; y también la de manga corta que lleva debajo, hasta quedarse desnudo de cintura para arriba. Entonces le recorre un gran escalofrío que le hace encogerse unos segundos. Aparta todas las mantas del cuerpo de la chica y la mira un momento. Parece un ángel dormido de aquella manera. Sacude la cabeza. Se acerca a ella y la incorpora, sentándola en la cama apoyada contra su pecho. Dándose toda la prisa que puede, la viste con su jersey marrón, en un intento de calentarla más para que le baje la fiebre.


Los movimientos la matan. La cabeza sigue como si tuviera un concierto de rock en ella y su cuerpo sigue sin fuerzas.


Vuelve a tumbarla en la cama. Se sienta en el borde y se quita con rapidez las botas que lleva puestas. Se sube en la cama y se tumba al lado de ella. Echa todas las mantas sobre ellos; siente un peso abrumador, y un calor casi insoportable, pero lo aguanta. Bajo las mantas busca el cuerpo de la chica y la abraza por la cintura. La recuesta sobre su pecho, sintiendo toda la cascada de pelo moreno de la chica rozarle el pecho y darle otro ligero escalofrío.


No sabe por qué, pero el calor ahora es más intenso. Trata de mover su mano hasta ponerla en el pecho del muchacho, quien con su mano libre entrelaza sus dedos con los de ella. Es entonces cuando, después de aquello, no se entera de nada más, hasta que amanece un nuevo día.
Abre los ojos antes que él. Observa su rostro dormido y sonríe. Vuelve a tener fuerzas; su cuerpo reacciona y puede moverlo. Su frente aún está algo caliente, pero siente que ya está bien. Al verle allí, a su lado, desnudo, proporcionándola su propio calor, no puede evitar darle un beso. Él solo se remueve un poco.


No hace tanto calor. Nada le agobia. Y no siente el peso del pequeño cuerpo que ama sobre él. Abre los ojos, rápido al principio; la luz que entra por la ventana le detiene y le obliga a entrecerrar los ojos hasta que se acostumbra a la luminosidad. Se incorpora y la silueta algo deformada de una mujer se dibuja en el suelo de madera de la habitación; la sigue con la mirada y la encuentra de pie frente a la ventana. Aún lleva puesto su jersey. Sonríe al verla de pie y tan radiante. Se levanta con rapidez y la abraza por la espalda, abarcando toda su cintura. Ella se recuesta sobre él. El sol brilla sobre las laderas nevadas.


Ella entrelaza su mano con la de él. Él, la lleva hasta sus labios y le besa la mano a la muchacha, que solo sonríe. No necesita decirle nada. Cierra los ojos y solo piensa. Hasta en mis peores pesadillas vienes a rescatarme, ¿verdad, amor?

viernes, 2 de octubre de 2009

No ser de piedra.

A pesar de que la calle es una de las más anchas de la ciudad, siento como si caminara sobre un borde, mirando abajo, manteniendo el equilibrio para no caer en la cuneta que hay al otro lado. Tengo que conseguir volver al cauce de la calle, pero no sé cómo hacer tal cosa. Mis pies se mueven solos entre el tumulto de gente. Hay mucho ruido, pero parece como si mis oídos no escucharan nada de nada. Solo la soledad de mi interior repiquetea en mi pecho. Miro hacia ambos lados de la calzada.
Una chica rubia y alta, con tacones de color rojo, un pantalón blanco y una camiseta ajustada del mismo color que sus zapatos, camina con soltura hacia mí, para pasar a mi lado, rozándome el brazo. Soy capaz de respirar su aroma. Es algo fuerte para mi gusto. Me giro y la miro de nuevo. Esta vez, ya está en brazos de un muchacho más alto que ella, de complexión fuerte y pelo negro. Lleva una camisa azul y unos vaqueros, con unas deportivas elegantes a mi parecer. Unas gafas de sol adornan su pelo azabache. Y sus ojos de un perfecto color marrón oscuro le hacen la clase de chico que cualquiera tacharía de perfectamente bello. Me quedo mirándo cómo se besan ante mis ojos.
Giro la cabeza de nuevo y prosigo mi camino, haciendo malabares para no caer a la cuneta a pesar de que voy caminando por el centro de la calzada. Pero esa cuneta va mucho más allá de lo material o lo territorial. Es mi propia soledad, mi propio miedo. Y no puedo dejarme caer, me digo a mí misma.
La calle sigue abarrotada de gente cuyas caras pasan a mi lado sin reparar en mi existencia. Miles de manos cerradas sobre las de una persona cercana, miles de abrazos, miles de sonrisas y millones de sentimientos. Nunca creí poder ver todo eso en el mismo lugar.
Mi pecho se encoge. Camino más lento, como si quisiera largarme de allí y no pudiera. La soledad me arrastra; es como un vórtice, un agujero oscuro, un incendio que lo arrasa todo a su paso. Y me lleva con él.

Finalmente, viendo mi incapaz de detener ese agujero y ese incendio, me dejo llevar. Mi ánimo se desmorona en pedacitos. Y al verlos repartidos por el suelo me doy cuenta de que no podré volver a unirlos yo sola. Son demasiados. No puedo.

Salgo del tumulto de gente y empiezo a caminar por calles más tranquilas y solitarias. Ahora, la música inunda mis oidos. Las melodías son tristes sonidos lejanos que no significan nada. Me detengo en una pequeña plaza con un par de bancos de madera maciza y unos cuantos arboluchos mal cuidados. Incapaz de seguir.
Todo se desdibuja de repente. Me toco los ojos, buscando la razón de aquello. Y mis manos se empapan en lágrimas.

La debilidad escapa de mis ojos, pero solo por eso no significa que vaya a perderla. Volverá, como siempre. Y como siempre, se quedará.
Sigo caminando. No. No tengo fuerzas, ni ganas. Y de todas formas, tampoco puedo hacerlo, pues mis piernas no se mueven. Yo no tengo voluntad suficiente para hacer que se muevan.
Entonces me dejo caer bajo un arbolucho. Encojo las rodillas y las acerco a mi cara. El pantalón se moja rápidamente, bañado por mis lágrimas. Pero no puedo detener mi llanto. El dolor de la soledad me asalta de nuevo. Todo es demasiado para alguien como yo.

Y solo quiero gritar. Aunque seguramente, nadie lo escucharía.


Nadie puede oír la voz de la soledad.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Llora el cielo. Ruge la mar.

Las olas rompen con fuerza en las rocas de la costa. El viento mueve con fiereza esos mechones de pelo que se escapan de su recogido, mientras que su vista sigue fija en la bravura del mar esa tarde. Las nubes ocultan la puesta del sol. Tendrá que esperar al amanecer de un nuevo día para volver a ver esa radiante luz de la que llamamos la gran estrella.
Los pliegues de su vestido se arremolinan en sus tobillos, pero los tirantes del mismo no se mueven en absoluto. Cierra los ojos y respira hondo; el aire entra en sus pulmones de forma violenta. De esta forma no consigue calmar el latir de su corazón.


A pesar de la inestabilidad del tiempo, el viento le sienta realmente bien. No sabe qué hacer. El cuerpo le pesa y siente una ligera presión en el pecho que le indican que lo que siente por la dueña de aquel vestido azul no es ninguna tontería. Sus manos se aferran a la barandilla. Desvia su vista hacia la arena de la playa, tratando de buscar quizá una manera de abrir su corazón mediante las palabras adecuadas. Pero no escucha más que el grito del mar y el susurro de su corazón.


No sabe si mirarle. Siempre la ha gustado contemplarle mientras tocaba, era algo que la hacía sonreir y sentirse la dueña del mundo. Pero ahora que debía mirarle para decirle todo cuanto ansiaba, su vista se queda clavada en la espuma de las olas que rompen, una tras otra, inexorablemente, contra las rocas. Se coloca el pelo detrás de la oreja, rozando las tres piedrecillas de colores que lleva como pendientes; un regalo de su madre. La recuerda un momento, a ella y a su capacidad de ser firme y decidida. Ella también lo es; pero en ese momento, sus capacidades brillan por su ausencia. Porque está con él.


Porque está con ella. Por eso no puede decir cosas a lo loco o sin pensar. Pero por más vueltas que le da, nada se le ocurre. Entonces lentamente, desliza la mano izquierda sobre la baranda y la acerca un poco más a su brazo. Luego, la retira y la pone de nuevo en su sitio.


Cansada de estar de pie, pero sin querer marcharse jamás de allí, se apoya en la baranda con las dos manos, imitándole a él, pero sin dejar de mirar el horizonte. Ver sus ojos haría que cualquier viandante escuchara los latidos de su desenfrenado y salvaje corazón.


Finalmente, su mano toma las riendas de su razón y se vuelve a acercar a ella. Aún sin fijar su vista en las pupilas azules de la niña, la toma con suavidad de la mano, poniendo la suya encima. Cuando siente el cálido abrazo de la mano blanquecina de ella devolverle aquella caricia, le regala una sonrisa al mar.


Un escalofrío la recorre. Esta refrescando. Su mano se cierra sobre la de aquel muchacho sin ni siquiera dudar. Le da un pequeño gracias al mar y siente sus mejillas calientes. Seguro que ese color rojo que las adorna no es para nada algo que la siente bien. Pero el roce de esa mano, fuerte, decidida, protectora y cálida, simplemente hace que todo lo demás tenga sentido y valga la pena.



Solo un roce. Después una mirada. Una sonrisa. Un beso.


El mar ruge bajo sus ojos; el cielo empieza a llorar la pérdida de una estrella que se enamoró de un hombre, el cual la secuestró para amarla hasta el fin de los tiempos y jamás dejarla regresar al firmamento donde, triste y solitaria, brillaba tenuemente cada anochecer.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Quién cerrará los ojos?

Esta vez, no hay tuyo y mio
los recuerdos no se pueden dividir,
quien de los dos es debil, y quien fuerte,
a quien le toca, ser el que diga fin.
Se que lo mejor, en la hora del adios,
es correr y no mirar atras,
en caliente,
aunque duela, no hay vuelta.
Esto se terminó, se esconde el sol
y siempre vuelve,
aqui lo nuestro se terminó
las nubes pasan cuando quieren,
lo nuestro fue bien mientras duró
se que la luna mengua y despues crece,
lo nuestro ya se nos terminó,
que mas da , saber como fue y porqué
si hoy todo se terminó, todo se terminó.
No se como decirte, que da igual
ir contigo que sin ti
vas en mis huesos, y en mi sangre,
te respiro, aunque no estes aqui.
Tengo que aprender,
que aunque el mundo este al reves
habra que empezar otra vez
desde cero
aunque duela
con mas fuerza.
Esto se terminó,
se esconde el sol
y siempre vuelve,
aqui lo nuestro se terminó
las nubes pasan cuando quieren
lo nuestro fue bien mientras duró
se que la luna mengua y despues crece
lo nuestro ya se nos terminó
que mas da saber como fue y porqué
si hoy todo se terminó, todo se terminó.



Porque el comienzo, solo es el principio del final.
Haz lo que debas hacer. Solo tu puedes conseguir lo que quieres, cielo. Y yo te apoyo. Siempre.
Te quiero cariño. (L)

domingo, 20 de septiembre de 2009

Corriente

Parece que las aguas vuelven a su cauce. De momento, todo va bien. No se qué me espera a la vuelta de la siguiente esquina, pero tengo que pasar por ella para llegar donde realmente quiero estar.



Estos días hace frío. No me desagrada del todo, la verdad.



Me pregunto si habrá llovido en un pequeño pueblo al que han hechizado con palabras este fin de semana...

jueves, 10 de septiembre de 2009

Punto y aparte.

Tenia miedo, mucho miedo. Sabia que las cosas no siempre salen bien, por mucho que la gente lo repita o lo intente. Me aterraba la idea de una soledad negra y desesperante, donde no podia encontrar la luz en ningun pequeño rincón. Pero al final, decidi creer en las palabras de la gente y... parece que no me equivoqué. No se que mas decir, solamente, gracias. Grcias por todo y a todos. Ya pasó todo.


Y todo salió bien.



Te quiero, peluche.




.

miércoles, 12 de agosto de 2009

No vayas.


¿Cómo proteger lo que más te importa, si lo que más te importa no te deja?





- Se cuidarme sola.
- No, no sabes. Y menos frente a él.
- No me va a hacer nada,tengo lo que hay que tener para pararle.
- Eso no es cierto. Yo no lo tuve y era mayor que tu, asi que no me pidas que confie en ese lado tuyo. No sabes protegerte sola, así que no vayas.
- Pero no puedo depender de lo que pase con él toda la vida.
- Llegará un momento en el que le ignorarás por completo, pero aún no. No se lo que sería capaz de hacerte. Por favor, no vayas.
- Necesto que confies en mi.
- Y confio. Pero no voy a exponer a lo que más quiero por un caprichito. Eres una niña.
- Pero se cuidarme y potegerme sola. Tego que arreglar esto.
- No me importa cargar contigo, ayudarte...
- Tengo que enfrentarme a mis miedos.
- Yo cargaré con ellos, pero solo si estás conmigo. ¿Cómo voy a dormir sabiendo que te puede estar tocando o algo peor? No me hagas pasar por esto en el estado en el que me encuentro ahora. Esta conversación me daña más que cualquier cólico, ¿sabes?
- Me gustaría que me apoyaras y que me ayudaras, como cuando tropecé por primera vez.
- Pero esta vez es diferente porque eres tú quien va a buscar la segunda piedra para tropezar. No vayas. No vayas.
- No tiene por qué hacerme nada, las cosas cambian.
- Cambian porque alguien las cambian y yo no lo he hecho.
- Yo las cambiaré.
- Qué heróico. Pero es una puta locura y basta ya de discutir. No vayas y punto. ¡No vayas!








- Voy a ir.
Y la puerta se cerró con un suave portazo.






¿Y a mi? ¿Quien piensa en mi? ¿Quien me ayuda a mi? ¿Quien me salva a mi? ¿Quien me protege a mi? ¡Estoy harta de pensar en los demas y no recibir más que decepciones! ¡Cansada de tratar de proteger a los demás de todo y no lograr más que herirme a mi misma! ¡Hasta las narices de no saber si confío en mi misma, de no saber si soy solo una egoista que piensa en sí misma y en nadie más, de no encontrar el por qué de que lo haga todo mal!

¡¡Y solo quiero gritar!!

jueves, 6 de agosto de 2009

Romeo... Julieta... ¿Todo tragedia?



http://www.youtube.com/watch?v=6wgJJg6GFIo


When I am down and, oh my soul, so weary;
When troubles come and my heart burdened be;
Then, I am still and wait here in the silence,
Until you come and sit awhile with me.

You raise me up, so I can stand on mountains;
You raise me up, to walk on stormy seas;
I am strong, when I am on your shoulders;
You raise me up… To more than I can be.

There is no life, no life without its hunger;
Each restless heart beats so imperfectly;
But then you come, and I am filled with wonder;
Sometimes I think, I glimpse eternity.

You raise me up, so I can stand on mountains;
You raise me up, to walk on stormy seas;
I am strong, when I am on your shoulders;
You raise me up… To more than I can be.

miércoles, 29 de julio de 2009

Respirar hondo un segundo

Estoy algo más tranquila. Amargada, pero tranquila. Quizá hacer algo sea más fácil de lo que parecía. Hoy ha habido un "nuevo contacto" via sms. Parece que está suave como una balsa, que en la contestacion del otro sms notó que algo había raspado y no ha vuelto a cagarla. Pero aún así, pienso seguir peleando contra él, esto no se quedará así. Lo juro.



Te quiero muchisimo, peluche, ahora mismo, tú eres lo único que tengo. Gracias, muchas gracias por todo.




Desde luego, este no es el verano de mis sueños, ¿eh?

martes, 28 de julio de 2009

I´m afraid... afraid to fall

La confianza ciega no existe. Al menos, aunque yo la haya demostrado, nadie lo ha hecho conmigo así que... Si la relación que se supone que he establecido para protegerla, se deteriora, nos perjudicará a ambas, joder. Y todo por su malito orgullo. Si yo me he tragado el mío por ella, ¿por qué ella no hace nada por mi?

Tengo miedo, mucho miedo.


Y ahora... el puente colgante sobre el que camino empieza a ceder... se debilita, lo siento, lo se... no puedo caminar... caeré... ¿debo tener miedo a caer? ¿o no? ¿podré levantarme después? ¿y si no puedo? ¿qué haré? Debo seguir hasta el final, ¿no es así?

Entonces... ¿por qué me siento en este instante como si no pudiera con ello?




Te necesito... seas quien seas... te necesito...

Odio y venganza por encima de amor...

¿Cómo mantener un débil corazón de princesa y seguir sintiendo un alma rebelde sino encuentras más que obstáculos en el camino?
Hay cosas que no se pueden perdonar. El miedo, la rabia, la incertidumbre de qué pasará, la congoja... unidos, pueden hacer sentir a la persona más noble del mundo, el sentimiento más horrible. El odio. Y después, escondido detrás del odio, espera, paciente y silenciosa como una víbora, la venganza. El odio es un sentimiento que, una vez dado rienda, apenas unas pocas personas pueden controlar. Y yo no estoy dentro de esas pocas personas. Este sentimiento podría hacer que el ser más pacífico de la tierra cometiera cualquier locura. Yo soy así. Seria capaz de hacer cualquier cosa por proteger lo que más quiero en el mundo por encima de mi vida y de la de cualquiera. Y el cielo sabe que lo haré. Porque el odio que está naciendo en mí, ni quiero ni puedo controlarlo. Saldré de esta, de eso puedo estar segura, y además, saldré victoriosa, porque ningún cabrón va a amargar mi vida ni la de mis seres queridos. Solo me hace falta una cosa y, sin ánimo de ser pretenciosa y creída, siento, dentro de mí, que poseo esa cosa. La fe; la fe de las personas que confían en mí, que creen en mí. Y eso para mí, es algo más fuerte que cualquier arma. Es lo que me mantiene en pie, luchando contra lo que me hace daño y defendiendo mi territorio, marcando la diferencia con todo el planeta.
Así que, gracias por confiar y creer en mí. Se que puedo hacerlo. Puedo ser fuerte y enfrentarme a esto.


¿No?

domingo, 26 de julio de 2009

Crónicas de media vida (II)

Que se muera o que se case ya, o que haga lo que le salga de la punta del pie, pero que nos deje a todos en paz, joder.
No, no son celos. Es miedo. Porque no hay dos sin tres. Pero el tres igual no me toca precisamente a mi.


Necesito a alguien que me diga cómo arreglar el peor error de mi vida, que ha sido callarme y seguirle el juego a un imbécil, y que además me ayude a superar las consecuencias que eso pueda traer, que pueden ser desastrosas (aunque no he pensado en ellas)
Sinceramente, sería capaz de hacer cualquier cosa por arreglar este entuerto. Cualquier cosa para protegerla, porque soy la mayor y se lo debo.




Y ahora, ¿qué?

Crónicas de media vida (I)


No sé exactamente por qué fue tan rápido, pero en cuanto crucé un par de puertas de mi destino paradisiaco veraniego, me sentí terriblemente decepcionada. Las cosas no eran como yo imaginaba o dibujaba en mi mente, sino cuatro paredes mal levantadas en las que veía frustrado mi sueño de un tierno y feliz amor de verano o en todo caso, amistad especial. Pero aquello era como una cárcel silenciosa, oculta a simple vista; sin barrotes, pero una cárcel a fin de cuentas. Sentía que mi espíritu de libertad estaba encerrado, y mi ávida curiosidad por conocer, se desvanecía a velocidades estelares.
Contaba con el as de que podia aplacar la sensación de soledad que me invadía con tan solo cerrar los ojos y soñar, pero cuando los volvía a abrir el tortazo de despertar era algo estresante.



Recordadme que no vuelva a soñar estupideces.

lunes, 29 de junio de 2009

Un juguete roto, una muñeca olvidada

Es difícil hacerse a la idea de que, a todo juguete, le llega la hora de dejar de funcionar. Cuando un tiovivo da vueltas y vueltas, haciendo sonar una peculiar musiquilla mientras los niños que están subidos ríen y saludan hacia alguna parte donde se supone que están sus padres, es cuando aún funciona. Pero llega un momento en el que los niños se bajan y no vuelven a subir. Nunca más.
Entonces el tiovivo queda muerto; no es más que un juguete roto que no pinta nada en ningún lugar, esperando inútilmente quizá, a que los niños vuelvan algún día.

El polvo se acumula sobre él, la tristeza que lo invade le consume, y piensa que para qué construirían un tiovivo si nadie se iba a acordar nunca de él.


Lo único bueno que tienen los tiovivos, es que no pueden llorar. Sino, todos y cada uno de ellos, sangrarían lágrimas.

sábado, 20 de junio de 2009

El lugar de donde soy.


Hoy es el primer día del resto de mi vida.
¿Y ahora qué digo? Mejor nada, porque las malditas y traicioneras lágrimas que caen por mi cara ahogan mis susurros.
Os quiero. Gracias por todo.
Realmente, merece la pena ser feliz.

jueves, 18 de junio de 2009

Negro//Amarillo//Negro


Lo sabía. Sabía que el día que volviera a pisar aquel lugar para recuperar lo último y único que me unía a él, no volvería. Nunca más.





Estoy contenta porque hoy todas hemos sido "esa morena, esa morena, esa morena!" (8) y estabamos genial vestidas de abejitas Maya, hay un hombre que me enamora cuando baila y todo ha salido ha pedir de boca.

Daremos gracias a los ángeles. Y a Dios. Y a la Virgen.




Peluche, te quiero! (L)






No te despidas de mi. Solo dí, hasta pronto, baby.

miércoles, 17 de junio de 2009

Pintando el cielo del color de nuestra historia


Every love story begins with a kiss...




Pues estamos apañados...


Después de un dia intensamente (no demasiado) productivo (excepto por la gran salida de cortos/patatas fritas picantes) por culpa de ese horrible personaje que nos ha invdido llamado calor, creo que las cosas siguen su cauce. Me da a mi que Madrid no se ha movido de donde está, pero León desde luego no piensa moverse ni unos kilómetros. ¡Hombre ya!


Adoro a mi gente, sin más. A esas grandes personas que me rodean y que, mire a donde mire y vaya donde vaya, siempre están ahí. Daos por aludidos.





¡Bon Voyage, Juan del Enzina! Nos veremos en un par de meses, amor mío.

lunes, 15 de junio de 2009

Sin mirar hacia atrás, sin pedir nada más...

Todo acabó y he sobrevivido.


Fin. The End. Sayonara. Bon Voyage.


¡Ja!

domingo, 14 de junio de 2009

¿Problemas? ¿Más aún?

Tengo sueño, ojeas, mañana un examen de Latín, agujetas, me duele mucho el hombro y mí tía se casa.

Joder, ¿es que las cosas no pueden pasar de una en una?


No se hasta dónde va a llegar esta idiotez, pero este verano señores me vereis en Madrid. Sí. Moriré y no solo de calor.
Por dios, quiero madurar (más aun) de una vez y ser capaz de mantener la cabeza fría. Quiza cierta persona tenía razón y es mejor odiar; es más fácil que amar y no duele. Menudo chollo.



Mañana. Mañana y todo habrá acabado. Y a ver, ahora ¿que coño tengo que pensar y sentir? Qué bien que acabó o que lástima, me lo estaba pasando bien. Ni qué pensar se ya.



¡Que alguien diga algo!

viernes, 12 de junio de 2009

Sayonara, baby

.










Punto, final y aparte.







[...]

domingo, 7 de junio de 2009

Pensar, filosofar, pensar y estallar.

Retórica, bella ciencia.


Analicemos. ¿Por qué es bella? ¿Porque es parte de la naturaleza, como dirían los griegos? ¿O porque la ha creado Dios? ¿O quizá porque la utiliza el individuo, centro de la cultura erupoea en el Renacimiento? ¿O tal vez porque es algo sublime?

Todo ello requiere pensar. Pensar, pensar, pensar y darle más vueltas al coco. ¿Para qué?
Unos dirían que para saber más. Yo digo que para aprobar. Para aprobar, sí. Porque cuando estás sentado frente a una ventana, viendo el cielo estremecerse con un rayo, a la tierra temblar bajo un trueno y luego, sientes como se queda todo en silencio bajo la lluvía, sientes que el pasado, el presente y el futuro, no tienen cabida en tu mente. Solamente esos libros apilados a tu derecha encima de la mesa tienen el pasaporte de tu cabeza y tu mente.

Conclusión: saber es importante. Pero en su justa medida.

Como rezaban las escrituras del templo de Apolo en Delfos: Nada en demasía.

viernes, 5 de junio de 2009

Be or not to be. That is the question.


Podría llorar,

Podría gritar,

Podría odiar,

Podría morir...

Pero prefiero reír, ser feliz, amar y vivir. Ilusionarme y sentir. Estar viva. Ser mi dios, mi cielo y mi infierno. Ser mi estrella, ser mi suerte y... ser... mi destino.

miércoles, 3 de junio de 2009

¿Sin miedo a nada?


¿Cómo demonios tengo que decírtelo? Estoy harta de que no me escuches, de que me ignores, de que me olvides, de que ni siquiera me mires. Vete con otra si eso te hace más feliz pero no vuelvas a buscarme.
Eres un maldito egocentrista cruel, ¿sabes? A pesar de que sabes de sobra que me dañas, vuelves siempre, siempre. Eres consciente de que te estoy esperando y abusas de eso en tu favor, permitiéndote hacer cualquier cosa. Sí, yo siempre te espero... pero no quiero que vuelvas. No puedo odiarte y lo sabes, te aprovechas de mis debilidades para aumentar tus vicios, a costa del daño que eso me pueda provocar.
Se acabó, no quiero que me uses más. No puedo decirte esto, se me partiría el corazón. Pero por favor, ya basta. Por favor.





Dicen que realmente estudiar tiene recompensa... pues espero que sea cuantiosa, porque joder...

domingo, 31 de mayo de 2009

[...]

¿Cómo se puede explicar lo que sientes si todo se mezcla, creando sentimientos extraños, difusos y más complejos aún? Mi miedo se funde con la esperanza, creando ansiedad y temblores. La alegría se mezcla con el encierro al que mi mente se ve sometido, creando así un estado estresante y perjudicial, sino para mi salud física, sí para la mental.


Necesito ser libre, a pesar de saber que mi libertad me condiciona y me condena, me ata y me hace esclava a una circunstancias y unos hechos. Pero la necesito. Es como ese amor del que tienes que separarte pero no puedes porque te atrae como un imán, porque es algo que necesitas como el aire para respirar.

Quiero salir volando de aquí. Volando, que no huyendo, porque se que así, mis problemas solo me perseguirían allá donde aterrizara.

sábado, 23 de mayo de 2009

Creer o no creer

Todas las personas vivas dependen de su conocimiento y entendimiento, y así mismo, están atados a ellos. A eso suelen llamarlo "realidad". Aún así, el conocimiento y el entendimiento son cosas ambiguas; así que la realidad no puede ser más que una ilusión. Las personas viven inmersas en sus propias ideas: ¿no te parece lo más justo de pensar?

viernes, 22 de mayo de 2009

Déjame ir, pero no quiero perderte


Una diadema de color verde cayó lentamente para llegar al río. Él se sostenía del borde de la roca, amarrando con su mano derecha a Yuki, que colgaba más abajo que él.
- ¿estás bien? - preguntó él
- Me resbalo - sollozó
- Sujétate muy fuerte, por favor - pidió, apretando más su mano - voy a intentar subirte, ¿de acuerdo?
- No, no, nos caeremos - dijo ella, asustada
- Tranquila, te prometo que saldremos de esta
- ¿lo prometes?
- Claro que si - dijo, mirándola a los ojos - voy allá.
Reunió cuantas fuerzas pudo y tiró de ella a pulso hacia arriba. Apenas la había levantado hasta sus rodillas, cuando su brazo le falló y tuvo que dejarla caer de nuevo. Ella gritó, pero la mano de él no cedió y siguió sujetándola.
- Shuichi escucha, esto ha llegado al final - empezó ella
- Cállate, no me dejas concentrarme - gruñó
- Tienes que hacerlo
- Cállate - repitió
- Suéltame, Shuichi - susurró
- ¡cállate! - volvió a gritarla - ¡deja de decir estupideces y solo amárrate a mi, ¿entendiste?!
- Sabes perfectamente que caeremos los dos - siguió ella - así que, suéltame. Si no cargas conmigo, podrás subir con facilidad hasta arriba y salvarte - susurró
- Si me salvo yo, te salvas tu - aseguró él - porque sin ti no quiero vivir
- No digas estupideces Shuichi, puedes seguir vivo, sálvate. Es lo que cualquiera desearía en este momento - gritó
- Pues lo único que yo quiero es salvarte a ti, ¿oíste? Porque si tu no te salvas, yo me muero contigo. Y paso totalmente de sufrir así. Y ahora que cállate ya, terca - chilló
- No. Se que no sientes eso, nadie sentiría eso en una situación como esta.
- Si no lo sintiera, mi mano todavía no sujetaría la tuya, Yuki. - sonrió él
- Sálvate - pidió ella - es lo único que quiero en este momento.
- No voy a soltarte digas lo que digas, así que mejor calla la boca - aconsejó.
Entonces ella, amarrándose más fuerte de la mano del rubio, logró subir hasta su cintura y luego se dejó caer de nuevo, provocando una mueca de dolor en la cara de Shuichi.
- ¿se puede saber que demonios estás haciendo?
- Hasta pronto - susurró, con lágrimas en los ojos
La chica agarró con fuerza el cuchillo que acababa de robarle a Shuichi y lo clavó con fuerza en el brazo del rubio. Éste chilló de dolor y ella lloró.
- ¡estás loca! - la gritó - ¿¡Qué pretendes, maldita suicida!?
- Suéltame y sálvate - repitió
- Antes muerto que dejar que te suceda algo. Esta es mi decisión, así que déjame en paz, ¿quieres? Como ves no ha servido de nada que me lastimaras, Yuki - dijo, orgulloso - por que no pienso soltarte
El cuchillo resbaló de las manos de la chica. Sus hombros se convulsionaron en un sollozo silencioso. Y entonces sintió como volvía a elevarse. Miró hacia él y le vio volver a intentar levantarla. Esta vez fue un poco más allá, y ella pudo ayudarle apoyando los pies en la oca escarpada. Haciendo mucha fuerza y con voluntad, Yuki logró subirse a tierra firme. Quedó bocarriba, nerviosa, llorando y respirando totalmente agitada. Entonces se giró y miró para Shuichi. Sonreía.
- te lo dije... - susurró él - ahora ya puedo...
- ni se te ocurra soltarte, estúpido - le gritó ella, amarrándole de las manos - vamos, Shuichi, sube
- lo siento, pero la herida que me has hecho me duele demasiado. No puedo utilizar el brazo
- ¿Qué he hecho? - susurró ella, aterrada
- Lo que importa es que ahora estás bien. Por lo tanto... aquí termina mi misión - susurró - adiós, Yuki.
- ¡amárrate, imbécil! - chilló, cogiendole de la muñeca - yo te ayudaré a subir, pero por favor... por favor, vuelve conmigo - pidió
Shuichi volvió a hacer fuerza. Pero esta vez la roca se partió y el rubio quedó sin apoyo. De pronto, se vio muerto. Pero Yuki fue capaz de sujetarle por el brazo. Aun así, él sabía que no aguantaría mucho.
- ahora eres tu la que tiene que soltarme, Yuki - sonrió él, amargamente
- no, de eso nada
- ¿comprendes ahora lo que yo sentía, pequeña?
- No, por favor, Suichi, no... - rogó
En ese instante, la roca sobre la que se sostenía Yuki se resquebrajó un poco.
- Suéltame, mi vida. Tengo que protegerte y si me sigues aguantando, la roca se partirá, ambos caeremos y mi misión de protegerte habrá fallado. Además, jamás me perdonaría la carga de ser el culpable de tu muerte. Deja que me vaya con los honores de cumplir esta ultima misión - pidió él
- No, Shuichi, no, no, no, por favor... no - suplicó la chica
- Ten esto - dijo entonces, utilizando su mano libre para sacarse la cadena que llevaba colgada al cuello - quiero que lo tengas tú. Es una reliquia muy importante para mi y eso y tu, sois lo único que tengo, así que...
- Por favor - repitió ella, con los ojos empapados en lágrimas, mientras que el rubio la daba el colgante
- Te quiero, mi niña - volvió a decir
- No... no...
- Adiós, Yuki - dijo él, sonriendo.
- ¡¡¡NO!!!
De pronto, su mano ya no estaba unida a la del rubio. Tuvo que contemplar como el cuerpo del rubio caía en picado en dirección al río sin poder hacer nada más que gritar de dolor. Se quedó chillando allí hasta que vio como el río arrastraba el cuerpo del hombre de su vida.

jueves, 21 de mayo de 2009

Y los sueños, sueños son


Los sueños. ¿Qué son los sueños? ¿Imaginaciones? ¿Recuerdos? ¿Anhelos del corazón? ¿Objetivos? Lo sueños son imaginaciones de nuestras mentes, delirios de nuestros corazones, recuerdos de nuestras almas y objetivos que perseguir en la vida. Los sueños son ideales por los que poca gente estaría dispuesta a dar la vida, a entregarlo todo. Puede que esto sean palabras mayores ahora, que no suenen especialmente bien, o simplemente sean palabras que ya no se usan. Dar la vida... ¿quien daría la vida para cumplir sus sueños en esta era en la que vivimos?



Nadie.




Pero hubo una era, en la que se creía en los sueños. Una era en la que se luchaba por los ideales y se moría por los objetivos que se proponían. Una era conocida como la Era de los Piratas. No siempre eran hombres o mujeres con un sueño. La mayoría de las veces, solo peleaban por riquezas, por avaricia, por egoísmo, o simplemente mataban por gusto. Pero tambien existieron ellos. Ellos, los piratas que luchaban por sus sueños. Piratas que se hacían a la mar con la sola idea en la cabeza de cumplir el más preciado anhelo de sus corazones. Y yo querría ser así, haber vivido en aquella era. Me hubiera gustado ser tripulante de un barco lleno de soñadores que arriesgarán su vida por sus ideales. Surcar los mares jugandome la vida a cada paso que diera para alcanzar mis sueños. Sentir el aire en la cara sin un peso en el alma. Mirar el amanecer, sonreír y respirar hondo el viento con olor a mar. Y sobre todo... ser LIBRE. y Volar. Quiero volar. Volar lejos de todo y de todos. Descubrir mundo y vivir mil aventuras. Sí. Ese es mi gran sueño. Ser libre. Ser... pirata.

Who knows the destiny?


"Las flores nacen, después se marchitan; las estrellas brillan, algún día se extinguen; esta tierra, el sol, las galaxias y hasta el mismo universo algún día también se destruirán. Comparado con eso, la vida del hombre no es mas que un parpadeo... un escaso momento. Las personas nacen, ríen, lloran, luchan, son heridas, sienten alegría, tristeza, odio... todo en un solo momento, y después son abrazados por ese sueño eterno llamado muerte"



.





"¿Qué crees que es la muerte? ¿Un balazo en medio del corazón? No... ¿Una enfermedad que te consuma el cuerpo? Tampoco... ¿Un veneno que te corrompa la sangre? No.... La muerte es...cuando el mundo te olvida."

miércoles, 20 de mayo de 2009

Please, Don´t Play With Fire


Era una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y miles de estrellas adornaban el firmamento. En un pequeño paraje verde, apenas se oía el susurro del agua, ya que sus voces lo disimulaban. A veces gritos, otras sollozos. Dos figuras discuten, una de pie frente a la otra, a una pequeña distancia. Los ojos de ella relucían a la luz de la luna, como dos preciosos luceros. Él lo sabía, se había fijado; de hecho, no le había quitado la mirada de encima mientras peleaban. Y ella se cansó de aquella situación y le gritó, enfadada:

- ¡Maldición! ¡Todos los hombres sois iguales!

Y una vez desahogada, la chica echó a correr, intentando huir de sus propios sentimientos; intentando abandonar su propio corazón al lado de aquel hombre. Lo que ella no esperaba era que la siguiera. Trató de correr tan rápido como sus fuerzas la permitían, pero al final la alcanzó ya que, lógicamente, era más rápido. Intentó sujetarla junto a él, pero ella se rebeló, enfadada consigo misma porque aquel contacto con él la estaba gustando. Al final del forcejeo, ambos cayeron al suelo. Él se mantuvo dominante, acabando recostado sobre ella, sujetándola con fuerza por las muñecas. Sus miradas se encontraron. Ella demostró ira; él con cariño, incluso divertido. Se agachó lentamente entonces sobre ella. La chica creyó que la besaría, estaban tan cerca. Pero el muchacho bajó la cara hasta el oído de ella, donde le sintió respirar con suavidad. La chica se estremece, le huele... es tan dulce. Entonces él habla, en un susurro estremecedor.

- Y dime, pequeña, si todos somos iguales - susurra en un tono que la eriza los pelos de la nuca - ¿como es que me amas tanto?

Ella cerró los ojos. La costaba respirar. Sintió como se incorporaba de nuevo y la miraba a los ojos. Entonces le contestó.

- ¿Y como sabes que te amo? - apenas fue un susurro

- Me basta con mirarte a los ojos para darme cuenta - la susurró - con sentir como te estremeces ante mis caricias - siguió, soltando lentamente el amarre y deslizando la yema de sus dedos por los antebrazos de la chica, poniendo cuidado en no dejar caer todo el peso de su cuerpo sobre ella.

La chica sintó realmente el escalofrío que él había previsto que sentiría con su roce.

- Me encanta ver la expresión de tu cara cuando hago esto - la dijo, mientras la besaba en la frente y en la mejilla - eres tan dulce... tan cálida...

- No juegues conmigo - le pidió ella

- Don´t play with Fire - susurra, riéndose con suavidad, mientras enreda los dedos en su pelo

Ella le miró a los ojos. Estaba tan guapo y radiante bajo la luz de la luna.

- Tú eres la que debería tener cuidado de quién se enamora, pequeña - la sonrió

- Es demasiado tarde para eso - admitió - y haré lo que me de la gana - le contestó, pero sin la agresividad que tenía antes

Él siguió sonriendo de lado mientras ella le miraba, ensimismada. El chico continuó con sus caricias por el antebrazo, sintiendo la piel de la chica erizarse a su paso. Decidido, se agachó de nuevo lentamente sobre ella. Y esta vez, rozó sus labios en un movimiento suave y corto. El simple roce la hizo suspirar y a él le encantó, por lo que esta vez, sí que hizo que el contacto fuera más profundo, besándola al fin tal y como ella siempre había soñado. Sentía su pecho subir y bajar desenfrenadamente, cosa del corazón que la latía más fuerte que nunca. Quiso que aquel roce no terminara, pero cada vez lo que hacía, uno nuevo se iniciaba. La chica rezó por quedarse así, el resto de la eternidad, ya que nunca había sentido la felicidad que la recorría las venas en ese instante. Reconocía que, cuando él se decidió a besarla en su vulnerable cuello, tembló violentamente. Pero él continuó suavemente, acercándose cada vez más a su oído de nuevo, para tranquilizarla.

- Te quiero - confesó al fin

- Yo te amo - le respondió ella, cerrando los ojos

Cuando el chico la miró, vio lágrimas en los ojos de ella y apenado la limpió con suavidad.

- ¿Por qué lloras?

- Lloro de felicidad. Dicen que cuando la felicidad del corazón se desborda, un poco se derrama por los ojos - sonrió

- Sabes que debería de llevarte de vuelta a tu casa, ¿cierto? - susurró él

- No, por favor - pidió ella - vuelve a besarme

Él la complació, volviendo a atrapar sus labios en un dulce beso.

- ¿Quieres quedarte conmigo? - la preguntó

- - contestó, casi de inmediato

El chico se apartó de encima de ella y rodó hacia un lado. Ella se incorporó y le miró.

- Ven - susurró, sugerente - Ven conmigo.

Ella miró el lugar que él la señalaba y no lo dudó dos veces. Apenas se recostó a su lado y él la abrazó, como si quisiera protegerla de todo cuando podía dañarla, se quedó profundamente dormida, sintiendo los latidos del corazón de él en su oído. Él sonrió cuando se dio cuenta de que la chica se había amarrado a su camiseta, como si no quisiera perderlo. Y comprendió al fin, cuanto amaba a aquella pequeña criatura que tenía entre sus brazos.

lunes, 9 de marzo de 2009

I´ve got to move on and be who I am

Igual que para Julieta existió Romeo, igual que para las princesas existió un príncipe azul, igual que para Azalea, hubo un Jack, como para Akira, estaba Itachi, para Yuki, existió Suichi... para mi tiene que haber un X por ahí. Solo pido que llegue pronto. No es este precisamente el mejor momento de mi vida.




¿Y ahora qué? ¿Seguimos jugando?


Lo siento, pero creo que no; deseo no es amor.

Me complicarás la vida y... no, gracias. Mejor me quedo tal y como estoy, que soy feliz y no tengo miedo.


I´m leaving today, causa I´ve gotta do what´s best for me.






Gomenasai...

viernes, 6 de marzo de 2009

Quiero

Quiero ahogar mis miedos
y gritar al cielo mis ganas de libertad.
Quiero arder y morir de deseo,
ser el aire que inunda tu pecho,
quiero huir y cruzar mil desiertos,
volver y aprender a vivir.
Quiero darte la vida en un beso,
respìrar y probar tu veneno,
quiero aullar a la luna en secreto,
sufrir y aprender a sentir.
Dulce o amarga, la vida es a cara o cruz,
me enfrento a la realidad
o dime que eliges tú.
Quiero echar a el resto
y escuchar al viento
o jugarme todo al azar.

jueves, 5 de marzo de 2009

Closer

Mijika ni arumo no
Debes de cuidar mucho
Tsume ni ki wo tsukiteinai to
Todas esas cosas cercanas a ti
Amari ni jika sukite
Sabes que cuando te acercas a algo
Miushinaitte shimaisou
Más difícil es poder verlo

Anata ga saikin jaiteshita

¿Puedes intentar explicarme esta felicidad...
Shijawase waitai nan desu ka
... que acabas de experimentar?
Megumare suki tte itte
O quizá fuiste bendecido
Omoide senaikamo
De una forma que no puedes recordar.

Ima koko ni iru koto
Y ahora te quedas ahí
Iki wo shiteiru koto
Mientras sigues viviendo y respirando
Tada sore dake no koto ga
Esos son pequeños milagros,
Kiseki da to kizuku
Debes de darte cuenta.

Mijika ni arumo no
Debes de cuidar mucho
Tsume ni ki wo tsukiteinai to
Todas esas cosas cercanas a ti
Amari ni jika sukite
Sabes que cuando te acercas a algo
Miushinaitte shimaisou
Más difícil es poder verlo
You know the closer you get to something
Sabes que cuando te acercas a algo
The tougher it is to see it
Más difícil es poder verlo
And I'll never take it for granted
Y nunca lo daré por hecho

Haitsutsu kete kite yume akira mezuru susumeyo nante
Esta bien soñar con nunca darte por vencido y perseguir tus objetivos
Kire koto woieru hodo
Todo el tiempo que pases hablando
Nani mote ijai minai kedo
Te alejarás más de conseguirlo
Itomu yuunu no yuunu wo mune ni
Meteré ese valor en mi interior
Ashitamonu juunu janari
Y eso me ayudará a sobrevivir
And I'll never take it for granted
Y nunca lo daré por hecho
Let's go!

lunes, 2 de marzo de 2009

¿Cuán lejos puedo llegar sin volver atrás?


Todas las personas vivas dependen de su conocimiento y entendimiento, y así mismo, están atados a ellos. A eso suelen llamarlo "realidad". Aún así, el conocimiento y el entendimiento son cosas ambiguas; así que la realidad no puede ser más que una ilusión. Las personas viven inmersas en sus propias ideas: ¿no te parece lo más justo de pensar?

sábado, 28 de febrero de 2009

No mires dentro de mí.

- No me importas nada, mocosa estúpida. ¿Quién te crees que eres, eh?
- ¿ni siquiera has recapacitado un poco? ¿no has pensado ni le has dado vueltas a las cosas que pasamos?
- "mil y una veces le he dado vueltas, mil y una veces me he despertado después de hacerte el amor en mis mejores sueños"- quiso gritarla - tengo cosas más importantes que hacer - respondió
Al ver la cara de ella, le dolieron sus propias palabras, pero siguió sin demostrarlo.
- ¿no creerías de verdad que yo... iba a cambiar... por ti, verdad? - preguntó él
Ella desvió la mirada.
- sí - musitó
- veo que eres una romántica empedernida, una niñita que sueña con cuentos de hadas - la dijo, frío y muy distante
- ¿y que si eso es así? - le encaró
- Pues que sueñes con príncipes azules, mocosa. No con asesinos vestidos de negro - la espetó
- ¿a ti quien te ha dicho que yo sueñe contigo?
- Tú misma - contestó él - al darme por aludido cuando no he dicho mi nombre.
Ella se calló, llena de rabia. Sí, tenía razón, soñaba por las noches con él, mientras dormía al calor de una fogata enredada en su capa negra.
- entonces mátame ya y acaba con esto. Ahora mismo solo soy una carga para ti
- es cierto, solo eres una carga - dijo, sabiendo que la estaba hiriendo - pero no voy a matarte. No eres tan importante como para tener que mancharme las manos contigo
- ¿puedo irme entonces? - preguntó, con la voz cortada por las lágrimas
Él la miró y algo se revolvió con fuerza en su interior. El corazón empezaba a luchar contra la razón, y esos sentimientos que había tenido ocultos amenazaban con salir con tan solo verla llorar.

jueves, 26 de febrero de 2009

Fighting dreamers


Correr no significa huir. Significa buscar valor para volver y mirar hacia delante.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Fría mirada


¿Puedo ayudarte o eres demasiado orgulloso como para dejarme hacerlo?

martes, 24 de febrero de 2009

Vivir la vida... contigo


Akira reaccionó y se acercó a él. Evitó su mirada y también levantó la vista al cielo. Pero la bajó enseguida al notar como él la cogía de la muñeca derecha. El chico levantó su mano y miró la herida del dedo. Solo tenía un buen corte, algo que era realmente escandaloso. Sin dudarlo, se llevó el dedo de la chica a la boca. Ella abrió los ojos desmesuradamente. Nunca antes había sentido sus mejillas arder como en aquel momento. El pelinegro estaba rozando su herida con la lengua, lentamente, limpiándola con su propia saliva. Akira suspiró, y su respiración se agitó un poco. Él, tan tranquilo, ni la miraba. Estaba buscando algo en los bolsillos de su pantalón. Hasta que encontró un pañuelo. Sacó de su boca el dedo de ella y rompió el pañuelo en dos partes. Con una de ellas, vendó con suavidad la herida, poniendo mucha atención. No quería mirarla, sabía que ella estaba sonrojada, y verla así le provocaría para hacer alguna locura. Así que evitó mirarla cuanto pudo. Cuando acabó, volvió a mirar al cielo. Pero ella ya había tomado la determinación de aclarar las cosas con él de una vez por todas.
- Itachi - susurró - por favor, mírame - pidió
- Si quieres puedes usar la cama. No tengo problema - contestó él
- Por favor - rogó ella - por favor
Y él se giró, sin poder negarse a aquel ruego. Soltó el aire lentamente al mirarla a los ojos. Esos ojos verdes que relucían a la luz de la luna y que tan loco le volvían. Los ojos de una niña.
- ¿Qué quieres? - dijo, sin elevar la voz
- ¿por qué me proteges?
Él no contestó.
- ¿es acaso porque soy importante para ti? - preguntó ella, tratando de sacarle algo - por favor, respóndeme, necesito respuestas, estoy muy confusa, Itachi.
- Sí, eres importante para mí.- susurró al fin
Definitivamente había perdido la cabeza al confesarse así.
- ¿de verdad? - susurró ella, casi sin creérselo
- No podía dejar que te hiciera nada - contestó - es demasiado tarde para mi - musitó él, mirando otra vez fuera. Ya llovía, aunque aún suavemente.
- Itachi yo... también siento algo por ti - confesó ella - es la primera vez que lo siento, pero...
- Nadie puede enamorarse de un asesino - cortó él, pero sin gritar - somos criaturas despreciables y despreciadas por una sociedad a la que odiamos. No puedes amar a alguien como yo.
- Déjame demostrártelo - soltó ella
El pelinegro la miró, desconcertado. Realmente nunca sabía lo que pensaba esa cría. La chica se incorporó y se abrazó a su cuello. Él sintió una descarga en la espina dorsal. Un escalofrío.
- te quiero - le murmuró al oído, erizándole la piel
- eso ya lo he oído antes - fue capaz de articular, tratando de controlarse
Ella se echó más encima de él, llegando a juntar sus cuerpos y se abrazó a él con más fuerza. Sentía el pecho del pelinegro rozándola con suavidad.
- soy tuya - musitó, besándole la oreja.
Itachi enloqueció. La acercó aún más, rodeándola la cintura con sus brazos y se puso de pie. Se quedaron unos minutos abrazados. El pelinegro juraría que sentía las lágrimas de felicidad de la chica en su hombro. Entonces la apartó un poco y la hizo mirarle. Ella le sonrió. Con delicadeza, la acarició la cara y lentamente, la besó. Mil sentimientos les inundaron en aquel momento. Akira dejó resbalar unas lágrimas y cerró los ojos un poco más tarde, ya que los tenía abiertos a causa de la sorpresa. Nunca antes la habían besado, no sabía lo que era aquella sensación tan explosiva pero dulce a la vez que estaba sintiendo. Itachi por su parte disfrutó de aquel simple beso más de lo que había imaginado. Pronto, necesitó más. Tuvo cuidado al profundizar en la boca de la chica, para no asustarla. Ella abrió los ojos de nuevo por la sorpresa, pero también se acostumbró a juguetear con los labios del pelinegro. Cuando necesitaron respirar, Itachi rompió el beso. Ella nunca habría sido capaz de hacerlo, al menos no en ese momento.
- ¿estás bien?
- Sí - contestó ella, con la respiración agitada
- ¿era la primera vez que te besaban, Akira? - quiso saber él
- Sí - volvió a contestar - y me alegro
Él no pudo evitarlo. Lentamente, atacó a su cuello. Primero le dio un suave beso. Luego, comenzó a hacer las caricias más concienzudas, caricias que buscaban algo más.
- Itachi... - musitó ella, cerrando los ojos
- ¿Qué pasa? - preguntó, sin detenerse
- Siento calor...
El pelinegro sonrió ante la inocencia de la niña. Volvió a besarla en los labios y aprovechó para empezar a soltar los botones del vestido que ella llevaba. Cuando la chica se dio cuenta, ya tenía el vestido totalmente desabrochado. Entonces se separó bruscamente de él, amarrándose el vestido sobre el pecho. Sus mejillas estaban encendidas, y eso que solo habían sido unas cuantas caricias.
- ¿Qué te pasa? - preguntó él, algo molesto
- Lo siento - se disculpó ella entrecortada, tragando saliva
- ¿te asustaste? - susurró el pelinegro
- Un poco - admitió
- ¿te di miedo? - preguntó, con cautela
- Sí - contestó, apenada
Él debía entenderlo, era comprensible. Estaba asustada, él estaba provocando que sintiera cosas que nunca había sentido antes. Cosas bastante fuertes.
- en ningún momento tuviste miedo de que te matara, pero ahora...
- esto es diferente - se defendió ella
Siguieron mirándose. Ella se sentía incómoda por haber acabado aquello así, pero realmente tenía miedo. Entonces él puso los ojos en blanco y se quitó la camiseta. Ella le miró. Lo que antes eran puntos de una herida, ahora era una cicatriz sonrosada que incluso le hacía parecer más hombre todavía. Akira no entendió por qué él hizo eso y se sonrojó al darse cuenta de que él la había cazado en pleno miramiento.
- no tengas miedo - susurró, con una media sonrisa de confianza - no voy a hacerte daño
- lo siento, me asusté yo... - tartamudeó
- tranquila - repitió, acercándose a ella - no sería capaz de hacerte daño - volvió a decir
- lo se, pero... yo no... no se...
- Ssh. ¿Cómo se puede hacer daño a la persona que amas, pequeña?
Aquello la dejó sin aliento. Había soñado más de mil veces con aquello, con él confesándola sus sentimientos. Y se había cumplido, como en los cuentos de hadas. Sintió unas ganas enormes de llorar. Pero de felicidad. Él la abrazó contra su pecho y ella se abrazó a él. Y ni siquiera se separó del pelinegro cuando sintió que su vestido había resbalado hasta el suelo. Itachi se separó, pero siguió mirándola a los ojos, en ningún momento bajó la vista a su cuerpo. Quería ver sus ojos, brillando bajo alguna lágrima que se la escapaba. La limpió y volvió a besarla.
- ¿sabes qué voy a hacer si continúo?
- Sí - murmuró ella
- ¿quieres que lo haga? - la preguntó al oído, abrazándola por la cintura
- Yo... supongo que si - contestó al fin, dejando caer la cabeza en su hombro desnudo
- No supongas, pequeña. Quiero que estés segura.
- No se lo que voy a sentir, no se si... me da miedo - confesó al fin
- Tranquila. Solo llegaré hasta donde tú quieras llegar, ¿vale? - la susurró, besándola el cuello y luego el hombro.
- Te quiero, te quiero mucho, Itachi - dijo ella
- Lo se - dijo, presumido - ven conmigo - la susurró seductoramente en el oído.
Ella se amarró a su mano y dejó que el pelinegro la tumbara sobre la cama, posesionándose con suavidad sobre ella. Comenzó entonces a besarla y acariciarla, arrancándola suspiros y pequeños jadeos al principio. La lluvia ya golpeaba la ventana con fuerza, pero la habitación seguía totalmente iluminada por la luna. Cuando el se incorporó para mirarla bien, se dio cuenta de que también estaba sonrojado. Aquello le estaba matando; toda su mentalidad y su fría razón estaban cambiando de golpe. Entonces ella llevó su mano derecha, aún con el dedo envuelto en aquel trozo de pañuelo, hasta el costado donde estaba la cicatriz. La rozó con suavidad y sintió como después de unas cuantas caricias, al pelinegro le costaba respirar. Entonces ella también se incorporó e hizo simplemente lo que ya había hecho una vez en su casa, aquel día que lo tuvo a su merced; le besó la cicatriz como si estuviera examinándola, a la vez que la recorría con los dedos. Aquella inocencia de ella mezclada con un aire seductor que tenía la pequeña, le enloqueció. Volvió a tumbarla sobre la cama, y mientras la llenaba de besos y caricias, acabó por desnudarla y acabó de quitarse su propia ropa. Al principio, ella lloraba. El dolor que sentía era demasiado intenso. Verla así le hizo replanteárselo, y se detuvo, apartándose. Ella se incorporó y se acercó a él, que se había quedado de espaldas. Le abrazó por la espalda y le besó los hombros.
- lo siento... - sollozó - pero yo...
- te entiendo, pequeña. Eres virgen, comprendo que te duela - susurró él, sin mirarla
- por favor, inténtalo otra vez - pidió ella
- no - se negó él - no quiero volver a hacerte daño. No quiero verte llorar. No lo soporto - admitió
- no quiero privarte de eso, Itachi. De veras quiero hacerlo. Ahora ya no lo supongo - le susurró - quiero que me hagas el amor, Itachi. Tú y solo tú - musitó, aún abrazada a él
Él se giró y la miró a los ojos. Sonreía. Sonreía como siempre había hecho. El pelinegro se volvió a recostar sobre ella y la besó profundamente. Ella se abrazó a su cuello, tratando de relajarse. De nuevo, el dolor fue intenso. Pero trató de aguantarlo. Cuando por fin estuvieron juntos, ella lanzó un grito. Él se abrazó a ella también con fuerza, y luego cuando la miró, la sonrió para calmarla y la besó los labios. Aún aguantó unos minutos sin moverse, más por miedo a hacerla daño que por otra cosa.
- Itachi... - lo llamó, en un jadeo
Él entendió que era como un aviso de salida. Empezó a moverse con mucho cuidado y suavidad. Poco después, el dolor dejó paso al placer. Su voz dejó de ser lastimera y pasó a ser algo más salvaje. La lluvia ahogaba los gemidos de ambos. Sus siluetas, unidas en una y moviéndose a un ritmo frenético, se reflejaban en la pared a consecuencia de la luz de la luna. Las gotas de agua resbalaban por la ventana, la cual golpeaban con fiereza, al igual que el sudor resbalaba por sus cuerpos. Después de varios relámpagos, un último trueno ahogó dos profundos gritos de placer. Ella pronunció su nombre tan alto como pudo. Solo sintió algo de dolor cuando él se separó de ella; luego, sus ojos se cerraron por el cansancio, pero en sus labios había pintada una sonrisa de felicidad. El pelinegro trató de recuperar la respiración y cuando se calmó un poco, la miró, tumbada a su lado. Su cuerpo estaba perlado de sudor, sus ojos cerrados y sus labios esbozaban una sonrisa. Era como un ángel. Con cuidado, echó la sábana sobre ellos y la movió con delicadeza para ponerla sobre su pecho. Por primera vez en mucho tiempo, el pelinegro durmió tranquilo, sin preocuparse de nada de lo que sucedía fuera de aquella habitación. Había dejado de llover.