El lugar al que volveré es aquel donde resuena tu melodía. Hola. Sí, soy yo. Estoy en casa.
Llega el verano. Está a punto de aterrizar, su vuelo llega el día 21 de junio. Casualidades de la vida.- ¿Por qué? ¿Por qué nunca te has enfrentado a él? – le preguntó de repente -. Siempre has estado en desacuerdo con lo que él hace, dice o piensa. Entonces, ¿por qué nunca has intentado hacer que te escuche? ¿Por qué aceptas los golpes, los castigos, la sumisión y las órdenes?
El chico se quedó pensativo un momento. Solo había una razón. Ella era la mujer. Ella lo era todo para él. Quien siempre le había protegido, quien aceptó el ser golpeada en su lugar cuando él se atrevió a desobedecer a su padre. Quien sufriría los daños si él se negaba a cualquier cosa o desobedecía. Quien estaba a su lado en los peores momentos. Quien curaba sus heridas. Quien conservaba la parte buena que había dentro de él. Quien confiaba en él. La única persona que le quedaba en el mundo. La única por la que luchaba y sobrevivía. La única por la que disparaba. Lo único que tenía en la vida y lo único que no podría soportar perder. Su madre. Él no tenía nada más que proteger. Y cuando lo tuvo, cuando realmente sintió que sería capaz de todo por ella, simplemente lo perdió. Ahora solo su madre importaba para él.
Después de un pequeño silencio sujetó la mano de su madre con la suya y la miró.
- Tus manos son tan cálidas y tan elegantes. Tan diferentes a las mías – susurró.
o. Es una irresponsabilidad lo mire por donde lo mire, desde lo mire y quien lo mire, lo se. Pero es algo que no puedo evitar. Lo he intentado, en serio. Y todo lo que estudié el primer día, al sexto es historia de la que no recuerdo ni el argumento. La idea de pensar que solamente faltan cuarenta y ocho horas para el examen, ese último examen, me hace sentarme a estudiar. Los otros cinco días... ¿qué ha sido de ellos? Película tras película, paseo tras paseo, juego tras juego, compra tras compra, libro tras libro al punto de haberme leído tres en cinco días. Una vida diaria de lo más normal. Ahora y solo ahora es cuando siento que tengo que empezar, mientras otras personas llevan desde primer día puestos a ello. ¿Por qué no soy capaz? Siento que no recuerdo nada y que todo se quedará en blanco si no estudio al límite de tiempo porque solo en esas circunstancias puedo poner toda mi atención y mi empeño en ello. No se si es malo, o bueno, o si quiero saber qué es. Me da igual cómo lo vea la gente, yo se que así puedo hacerlo. A veces me conciencio de que las cosas son más complicadas y empiezo a ponerme desde el principio, es cierto. Fuerza de voluntad tengo para hacerlo. Aunque a veces sienta que solo soy una estúpida que va de sueño en sueño y seguirá así... hasta el final.
Cada vez queda menos. Cada día, un número más que cae tachado en el calendario de Kazuya. Pasan algo lentos, ligeramente tortuosos, pero sí es verdad que el tiempo puede ser oro, porque nunca vuelve. Así que hay que intentar sacarle el máximo provecho, o será simplemente una pérdida de la que después, te puedes arrepentir.
Amo, adoro, respeto y quiero a las letras en este mundo por encima de cualquier cosa. Nunca me han gustado los números. Demasiado exactos, demasiado redondos y cuadrados, demasiado inalterables, demasiado orgullosos como para dejarse fluir, demasiado enrevesados, demasiado rebuscados, demasiado perfectos, puros y únicos. Los números no pueden escribir "puta" o "follar" o "amor" o "tristeza". Son más puros en ese sentido que las letras, que tienen mil maneras de hacer daño a las personas. Y son la base de todo en el mundo, todo está relacionado con los números de una forma u otra. Hay quienes los adoran precisamente por ser así. Un número nunca te traicionará, si tiene que ser así, será. Y si no, es culpa tuya por ponerlo de otra manera. Los números nunca tienen la culpa. Sin embargo a la hora de buscar las palabras para expresar qué significan los números, podemos escribir palabras y palabras que parecen no tener sentido pero al final acompañan perfectamente a las cifras. Dándoles precisamente, un significado. Los números y las letras son como el agua y el aceite. Distintas las mires por donde las mires, unas son muchas, otros infinitos, unos son perfectos, las otras nunca llegarás a escribir exactamente palabra a palabra por segunda vez lo que has escrito anteriormente, cuando lo haces sin pensar demasiado. Esas diferencias hacen que se complementen cuando al lado de un ejercicio lleno de números sin aparente sentido, piden una explicación con palabras de lo que allí se escribe. Y a pesar de todo hay personas más capaces de unas cosas que de otras. Hay quien puede odiar los números tanto como para llegar a rendirse con ellos, y hay que no soporta de semejante manera una redacción llena de letras que adora las fórmulas matemáticas aunque éstas estén, por otro lado, repletas de letras. Hay gente a la que le da más seguridad el hecho de que los números solo tengan una salida en vez de escribir un texto que puedes saber como empieza y cómo quieres que acabe, pero tiene un gran vacío en el centro que has de llenar tú, llenarlo de ti mismo. No es una relfexión filosófica, es una realidad tan pura y normal como cualquier otra. Los números no son mis amigos. Y no lo serán nunca. Pero no me rendiré con ellos. Caerán ante mi como los troyanos frente a los griegos. Porque al igual que ellos, yo también puedo conseguir ganar la guerra aun habiendo perdido todas las batallas.