En fin, me quedan tres examenes. Voy a poder con ellos. Estadistica patinaré más que si fuera una pista de hielo pero por intentarlo, no voy a perder nada.
Mata ashita ne.
Llevando una máscara colorida, interpretando un falso personaje,
El ruidoso despertador sonó con fuerza a las ocho de la mañana. El chico se estiró debajo de la sábana para apagarlo con rabia. Con el movimiento brusco, sus heridas le recordaron que seguían allí y le hicieron detenerse a hacer las cosas con más calma. Aplastó el reloj con la mano y luego se dio la vuelta otra vez en la cama. Hacía frío. Abrió los ojos despacio y vio el otro lado de la cama. Vacío. Se levantó despacio, fastidiado por no poder ser más rápido, y buscó a la chica en el pequeño apartamento. No estaba. Volvió a sentarse en el sofá y buscó con la mirada el tabaco. Al encontrarlo, vio una nota bajo la cajetilla, que cogió antes que los cigarrillos. Era la letra de ella.
Sudaba por cada rincón de su cuerpo. Incluso le costaba ligeramente respirar, como si tuviera unos cuantos kilos de más encima. Quiso darse la vuelta e ignorar lo que le había despertado pero no pudo moverse. Sus ojos se resistieron un poco a abrirse pero al final cedieron, dejándole ver poco a poco el techo de la habitación en la que se encontraba. Supo rápidamente que no era un hospital. Era aquel techo blanquecino que conocía. Solo con ver eso, sintió alivio en el pecho. Volvió a cerrar los ojos, algo más tranquilo. Sabía dónde estaba. Y con quién. Su mano rozaba algo caliente que no era la manta de lana y como pudo se giró hacia ella para mirarla. Sabía, solo con el tacto, qué parte del cuerpo de la chica estaba tocando. Eran sus dedos. Suaves, largos y delgados, con aquel anillo de plata en el dedo del medio. Ella tenía la mano enredada entre sus dedos con delicadeza. Intentó con todas sus fuerzas ponerse de lado para mirarla, pero le fue imposible. Las heridas de su cuerpo tiraron y le hicieron dar un pequeño grito de dolor. Los moratones se habían extendido por todo su cuerpo y posiblemente le costaría bastante moverse. Con aquel movimiento brusco de él ella despertó, algo sobresaltada. Se incorporó rápidamente, mirándole.
Se despidió de todo, disfrutando hasta del último grito. No sabía cuándo, pero volvería. Lo prometió en silencio. Pero la sensación de irse no era comparable a la que tenía por entrar detrás de las pantallas. Buscaba una melena rubia que le estaba esperando. Pero se encontró con un pequeño círculo de personas que parecían enfrentarse entre ellos. Caminó rápidamente hacia ellos y apartó a un par de personas para llegar hasta el centro del enfrentamiento. Kazuya y Koki se revolvían entre los brazos de Nakamaru y Junno, con un par de golpes en la cara, mientras que todo el grupo de baile que rodeaba a los cuatro chicos y coreaban a Jam. Aquel tipo rapado, lleno de tatuajes por todos lados y con unos brazos como martillos, animaba al resto a seguir gritando mientras provocaba a sus amigos para que pelearan. Porque sabía que no podrían con él.
