martes, 20 de julio de 2010

Dolce vita.

[Tengo la sensación de que debería hablar de mi vida, por la cosa de haber estado perdida por los océanos y esas cosas, pero no. Sería demasiado... no se ni lo que sería. Así que para contar esas cosas ya tengo un diario de viaje. Ahora, ¡a volar, imaginación! (como siempre, vamos xD)]


La pasta estaba ya echada en la cazuela, cuyo agua hervía. Mientras pasaban los seis minutos que tenía previsto para que se hiciesen justo en su punto, echó la carne y el tomate frito en la sarten, con una pizquita de aceite, y empezó a removerlo con ganas. Recogió algunas cosas que había dejado tiradas de los ingredientes y volvió a darle vueltas a la pasta.
Una vez lista, la echó en la sarten y le dio vueltas junto a la carne y el tomate. Minutos después, con las pinzas de cocina, colcoó los espaguetis cuidadosamente sobre el plato, buscando una forma de hacer que el plato quedase incluso bonito. Espolvoreó un poco de perejil sobre ellos y listo.
Sonrió.
- ¡Ya está! - gritó.
- Bien - dijo entonces el pelinegro, entrando en la cocina -. Ahora, ¿Sabes lo que toca?
- ¡Claro! - dijo -. ¡Dolce! - sonrió.
- Correcto - sonrió él también.
Adoraba esa locura que la chica tenía por los dulces que él hacía. Por los dulces y por cualquier otro plato que preparase. Ella siempre sonreía y se le iluminaba la cara solo con probar una cucharada de cualquier cosa que él hiciera.
- ¿Me ayudarás?
- ¿Podré hacerlo sin estropearlo?
Que ella supiese hacer algo tan simple como la pasta no significaba que fuera buena en los fogones.
- No seas tonta, claro que podrás. Vamos, ven aquí y ayúdame - le pidió, poniéndose el delantal negro en la cintura.
Él comenzó a pedirle los ingredientes y ella se los fue acercando rápidamente. Cuando no necesitaba nada, la chica se quedaba mirándole fijamente. Sus manos parecían tratar con suavidad el merengue y su mirada estaba totalmetne centrada en ello.
- Trae el cacao en polvo, per favore - sonrió.
- ¡Va bene! - contestó ella.
- Veo que le has cogido el truco al italiano, ¿eh pequeña?
- Por supuesto - sonrió ella, entregándole lo que le había pedido.
- Grazie, bambina - contestó él.
Ella volvió a acercarse mucho a él para observar cómo terminaba el postre. Una vez estuvo hecho, ella no podía quitarle los ojos de encima, mientras se mordía el labio.
- ¡Qué buena pinta! - gritó.
- Solo es tiramisú, bambi - dijo él, acercándose a ella.
- ¡Me lo quiero comer! - sentenció la chica.
Él se apoyó en la mesa y untó un par de dedos en los restos de merengue que había en el bol donde había mezclado los ingredientes y la llamó. Al girarse, la chica recibió una mancha en la mejilla.
- ¿Pero qué...? - soltó de pronto. Entonces cogió un poco con su dedo y se lo comió -. ¡Qué rico!
- Realmente, eres increíble - dijo él, suspirando.
La chica hinfló los mofletes y metió ambas manos en el bol. Y le cogió la cara entre ellas.
- ¡Ah! - gritó él, tratando de soltarse.
Ella empezó a reírse como una loca. Y luego se lamió los dedos para quitarse lo que le había quedado de merengue.
El muchacho entonces se acercó a ella y la atrajo hacia su cuerpo por la cintura. Al mirar a sus ojos ella pudo ver aquel brillo especial que tenían. Él se agachó sobre su cara y lamió un poco del merengue que quedaba en su mejilla. Ella sintió un escalofrío. Se acercó a él y besó sus labios, lamiendo lo que ella misma había puesto sobre ellos. Él sujetó su cara con la otra mano y correspondió a su sediento beso. Cuando consiguieron despegarse, dejaron que sus frentes reposaran la una sobre la otra. El chico volvió a lamer el merengue de su mejilla. La chica sintió una ligera descarga en la espina dorsal que le hizo cerrar los ojos.
- Lávate eso antes de que se te pegue - le susurró al oído.
Ella solo atinó a asentr con la cabeza.
- ¡Ah! ¡La pasta! ¡Se enfriará! - dijo entonces la muchacha.
- Venga, ¡presto, bambi! Sino, no será lo mismo - sonrió él.
Minutos después ambos estaban brindando con Lambrusco rosado frente a un par de platos de pasta a la italiana y un tiramisú estilo bambino con tan solo una vela en la mesa en la terraza llena de flores de uno de los edificios más altos de la ciudad desde donde había unas vistas del cielo perfectas debido a la ausencia de luz fuerte que eclipsase aquel brillo de la bóveda celeste que pendía sobre sus corazones.

http://www.youtube.com/watch?v=gavKoWmBUuQ

sábado, 3 de julio de 2010

Almíbar.

Dejó escapar un ligero suspiro y pasó la página. Al fin iba llegando al final. Todas las historias, bonitas o desagradables, ¿qué más da? Siempre terminan, supongo, pensó. Sus ojos se volvieron hacia las letras que formaban las palabras de cada línea de la página y no se desviaron de ellas ni cuando la puerta se abrió de pronto y se cerró de golpe. Después de escuchar como suspiraba con fuerza, ella dejó escapar una risilla.
- ¿Perseguido de nuevo por las guardianas? - preguntó, sin mirarle todavía.
- Entrar aquí es como ir a la guerra, ¿eh? - dijo.
Se separó de la puerta y se acercó a la cama, donde ella estaba sentada leyendo.
- ¿Y bien? - preguntó ella, bajando el libro -. ¿Quién ha ganado esta vez?
- Ellas, por supuesto - contestó.
La chica no pudo evitar soltar una carcajada.
- Es que tú no pintas nada en los dormitorios de las chicas - hizo notar ella.
El chico la miró con los ojos muy abiertos.
- ¿Ni siquiera venir a verte? - preguntó, con cierto recelo.
- Qué lindo - sonrío ella. La verdad es que a veces le gustaba molestarle un poco.
- Bueno, también puedo decir que he venido a incordiarte un rato.
Con esas palabras, el chico la quitó las gafas de leer de un solo tirón, aunque procuró no lastimarla. Rápidamente se puso de pie y la miró con la actitud de un niño pequeño que está jugando. La chica colocó el marca páginas entre las dos que estaba leyendo y dejó el libro sobre la almohada.
- Devuélvemelas. Ahora - dijo, poniéndose en pie tras él.
Él hizo un sonidito de negación mientras sonreía pícaramente.
- Ven a por ellas, preciosa - dijo.
- Sabes que suelo devolverte todas y cada una de tus bromas. Así que no te la juegues - su voz no era para nada seria, a pesar de su actitud, con la mano tendida hacia él esperando recibir sus gafas.
- ¿Y qué harás esta vez? - preguntó, curioso.
La chica dejó escapar una risa y se acercó a él lentamente. El chico solo la vio llegar a su lado y al mirar sus ojos, respiró hondo. Ella, por su parte, le sujetó suavemente de la camiseta y tironeando poco a poco se acercó todo cuanto pudo a su cuerpo y enlazó sus brazos tras la espalda del chico. Se empinó y colocó la cabeza en el hombro de él, para después dejar su aliento salir lentamente contra la piel del cuello del muchacho moreno. Él solo tragó saliva.
- Shin - ronroneó en su oreja.
- Oye, pelirroja, ¿Sabes qué es lo que haces? - murmuró.
- Ajá - musitó ella, levantando la cabeza para mirarle a los ojos.
Él se agachó un poco buscando sus labios. Pero ella soltó una risotada y se apartó de él con agilidad, sin dejar de reír.
- No voy a dejar que me beses hasta que no lo pidas por favor - dijo, casi cantarina -. Y de paso, me devuelves mis gafas.
Volvió a sentarse sobre la cama y le miró.
- ¿Qué? ¿Hay trato?
Él soltó un bufido y se acercó a ella con paso decidido. Al llegar al borde de la cama ella se empinó y se metió hacia el centro del colchón. El chico se subió de una vez y antes de que ella pudiera darse la vuelta, tenía una pierna del chico a cada lado de su cadera y a él sentado ligeramente sobre ella. Cuando intentó revolverse, él la sujetó ambas muñecas con una mano por encima de su cabeza y se recostó encima de ella, quedando sus frentes casi rozándose.
- No lo conseguirás - susurró ella.
Él sonrió.
- No te muevas... - musitó él.
Con la mano libre, el chico abrió las gafas y se las colocó de nuevo en su sitio. Ladeó la cabeza sin apartarla mucho de ella.
- Te sientan bien - comentó.
Entonces se dio cuenta de que ella temblaba ligeramente. De emoción. No se había dado cuenta de la situación que acababan de crear entre broma y broma. Él tuvo el instinto de levantarse y apartarse. Pero se quedó enganchado a aquellos ojos almendrados. La mano con la que sostenía ambas muñecas se movió y recorrió el antebrazo de su brazo izquierdo hasta llegar a la mano y estrecharla entre sus dedos. Hizo lo mismo con la otra, apoyando al final la frente en la frente de la pelirroja. Sincronizados, ambos cerraron los ojos.
- Por favor - musitó él. Ella se estremeció al sentir su cálido aliento sobre sus labios -. Por favor, por favor, por favor. Déjame besarte. Por favor.
- Idiota - murmuró ella.
Levantó la cabeza un poco y atrapó los labios del moreno entre los suyos. La forma que tuvo de empinarse hacia él dejaba entre ver aquella pasión que podía nacer entre ellos de repente. Devoró los labios del chico, consentida por él y después, le miró.
- Quítamelas - susurró.
Él deslizó la mano desde el brazo de ella, rozándolo con las yemas de los dedos hasta llegar a su rostros. Se entretuvo un momento acariciando su cara y después, la quitó las gafas. Las cerró con cuidado y las dejó un poco más lejos de donde estaban. Entonces su mano hizo el mismo recorrido de nuevo y volvió a cerrarse sobre la de la chica.
- Nunca más vuelvas a pedirme un beso - le dijo -. Sólo róbamelo.
- Eso haré - sonrió él, con sus labios rozando ligeramente los de ella.
Sus labios se movieron entonces hacia la derecha, recorriendo su barbilla su oreja, la parte baja de su cuello, su clavícula, y volviendo de nuevo hacia arriba.
- ¿Sabes lo que pasará si las guardianas vienen? - preguntó ella.
- Sí. Me expulsarán - dijo él, depositando otro beso en el otro lado del cuello de la chica.
- ¿Y no te importa?
- No - dijo solamente él.
- Te quiero - le susurró ella en el oído, mordisqueándole suavemente la oreja.
- Eh, no hagas eso - musitó él, temblando -. Sabes que tengo las orejas sensibles.
- Lo se. Por eso precisamente lo hago - sonrió ella.
Con habilidad, ella se zafó del amarre de él y se incorporó, obligándole a él también a quedarse sentado sobre las piernas y parte de la cadera de la chica. La miró sonreír y la acarició la cara para llevarla a un nuevo beso, más profundo que aquel por el que había rogado. Después de eso, ella le sujetó el rostro entre sus manos y empezó a besarle por toda la cara, incluyendo de vez en cuando el cuello y las orejas. Sentirle temblar a causa de sus caricias la hacía simplemente feliz.
- Déjame mimarte hoy - murmuró, tratando de hacer que se recostase sobre el colchón -. Porque a eso viniste aquí, ¿no?
Él, con la respiración algo cortada, sonrió.
- Me descubriste.
Le miró una última vez a los ojos antes de perderse bajo su piel morena y entre el torrente de sensaciones que la producía estar entre los brazos de aquel tipo orgulloso y tremendamente dulce ante sus ojos. Si había ido realmente porque la necesitaba, era que pasaba algo que le preocupaba. Algo que no le dejaba descansar o le mantenía intranquilo. A pesar de que existiera la otra cara de la moneda, que sería el hecho de que solamente la necesitase porque tenía demasiadas cosas acumuladas sobre sus hombros, no importaba. Todo daba igual en ese instante eterno. Quería ver brillar aquellas pupilas verdes del chico como si realmente, estuviera en el mismísimo cielo.
Porque le quería. Le quería más que a nada en este mundo.

jueves, 1 de julio de 2010

Recordando lo que Soy.

http://www.youtube.com/watch?v=d9hFkjXiAPY



La nieve caía suavemente sobre el asfalto y tejados, cubriendo todo a su paso de blanco. Hacía frío, pero nada fuera de lo normal en aquella época en un lugar como Japón.
La chica soltó su aliento sobre sus manos, que aún enguantadas, tenía algo frías. Miró a todos lados de la calle, pero por hacerlo, él no iba a llegar más pronto.
La madre del chico la invitó a entrar minutos después. Pero ella rechazó la oferta. No podía quedarse demasiado tiempo, tenía que volver a ayudar a su madre con mil cosas todavía.
Cuando escuchó la puerta cerrarse, miró el reloj. Cinco minutos, pensó. Pero pasaron diez. Suspiró y dejó el paquete que llevaba entre las manos sobre el alfeizar de una de las columnas que franqueaban la puerta. Se dio media vuelta y comenzó a caminar bajo la nieve.

El chico bajó del autobús y se estiró. Soltó la pelota que llevaba debajo del brazo y comenzó a patearla mientras caminaba hacia su casa. En el segundo cruce de la calle, se cruzó con la chica que había estado esperando en la puerta de aquella casa. Ni siquiera se miraron.
Al llegar a casa, entró con ansias. Pero antes, reparó en aquel paquete que había sobre la puerta. Al entrar, saludó y detuvo el rodar del balón.
Abrió el paquete. Llevaba su nombre. Al ver lo que había dentro y tras el comentario de su madre sobre la chica, él volvió a salir corriendo con el balón bajo sus pies y su regalo en la mano.
En la puerta del instituto, donde ella se había detenido para ver el patio completamente cubierto de blanco, el chico la dio alcance. Ella se quedó sorprendida al verle allí.
-Rui – susurró ella, mientras él recuperaba el aliento.
- Gracias por la bufanda- dijo él -. ¡Es muy calentita!
Ella sonrió.
-¿Qué haces aquí? Quiero decir…
-¿No fuiste tú quien fue a buscarme a mí?
- Sí, es solo que…
- ella le miró fijamente -. Feliz navidad, Rui.
- Lo siento, pero no tengo ningún regalo. Ya sabes que no soy precisamente del tipo de chicos que piensa en esas cosas
– se disculpó él.
- No tiene importancia – sonrió ella -. Me basta con que hayas venido hasta aquí corriendo para verme – susurró la chica.
Entonces el chico se amarró a la valla del instituto y se metió dentro de un solo salto, llevándose consigo el balón. Abrió la verja y la miró.
- Ven – dijo entonces el pelinegro, tendiéndola la mano.
Ella la estrechó con fuerza.
-No te muevas de aquí – la susurró.
La chica sintió un escalofrío y luego él empezó a corretear por la nieve, lanzando el balón en todas direcciones de forma loca, a la vista de ella. Entonces él volvió a sujetarla de la mano y tiró de ella hacia el edificio del instituto. Una vez dentro, se dirigió por las escaleras hasta la azotea. Parecía como si él hubiera olvidado que la llevaba amarrada y corría a toda prisa. Al llegar arriba, el chico la acercó a la barandilla, para luego apoyarse en ella.
-¡Tachán! – sonrió, mostrándola el paisaje.
En el enorme patio nevado, Rui había utilizado el roce del balón en la nieve para hacer aparecer unos trazos que e formaban un mensaje.
FELIZ NAVIDAD, AIKO.
-Rui… - susurró ella, con el corazón latiéndole a mil por hora -. Esto… yo… gracias – pudo decir al fin, sin dejar de contemplar aquel escenario.
Fue entonces cuando sintió los brazos del chico rodearla por los hombros y acercarla a él. La chica se quedó quieta, como si él se fuera a desvanecer si se movía.
-Te he echado de menos, Ai – susurró él.
- Y yo a ti – contestó ella, mientras sentía el aliento del chico rozarle la mejilla.
- ¿Has estado bien?
Ella hizo un sonido de asentimiento.
-Entonces estoy tranquilo – dijo, besándola el pelo.
- Gracias, Rui – susurró ella.
- ¿Por qué?
La chica se volteó entre sus brazos, quedando aún entre ellos. Le miró a aquellos ojos color chocolate y tragó saliva. Lo que sentía era demasiado fuerte, tanto, que a veces la asustaba.
-Por volver – dijo al fin.
-Gracias a ti por seguir en el lugar al que he vuelto – murmuró él.
Con una mano la acarició la cara, mientras que la otra se deslizó hasta su espalda. Con esa mano, la acercó de golpe a su cuerpo y fundió sus labios en un cálido beso. La chica, cuando reaccionó después de la marea de sensaciones que tuvo los primeros segundos, dejó que sus manos se cerrasen sobre la cazadora del chico que la sujetaba entre sus brazos y cerró los ojos para acabar de derretirse entre sus labios como lo haría la nieve de aquel regalo apenas llegase la primavera.

miércoles, 23 de junio de 2010

18 y subiendo.

Ahora sí que sí.

¿Mi primera cosa absurda y surrealista totalmente? Hablar del onanismo con un tio que vive en el culo del país solo porque de repente hago una pregunta normal y corriente que deriva en la conversación más extraña de mi existencia.


Si es que los 18 son muchos 18. Si ya lo decía yo.
Tampoco me puedo creer que mi primera emoción con 18 años fuera ver un dorama japonés. Que hasta he saltado en la silla, se me ha encogido el corazón de ganas de ver qué pasaba y me he enamorado del protagonista, joder. A la mierda las series sudamericanas en plan culebrónico. Donde estén las japonesas... ¡si es que por algo quiero yo irme allí, hombre!

Y mi mente esta gritando ¡friki, friki! Pero ahora mismo, es lo que menos me importa de todo.


Aunque la verdad es que tengo ganas de saltar, de correr, de reír, de cantar. También de marcharme, pero eso entra parte de la diversión. Esta vez, voy a ser yo la que juegue contigo. Porque ahora no puedes hacerme daño. No después de todo. Solo puedo sonreír como una estúpida sin sentirme estúpida. ¡Porque sí! ¡Porque me da la gana!

domingo, 20 de junio de 2010

Un día cualquiera de un mes cualquiera de año cualquiera...


Y ahora abriré mis alas y volaré.
Sopla las velas.
Cierra los ojos.
Pide un deseo.
Esta es la última tontería que hago con 17 años. Y la primera con 18.

jueves, 17 de junio de 2010

Retratos de una noche.

Se revolvió suavemente entre las sábanas. Al sentir el roce de otra piel, caliente, que se erizó ligeramente ante su contacto, sonrió con los ojos cerrados. Sus pupilas verdes enfocaron poco a poco el techo blanco de la habitación. Parpadeó unas cuantas veces y, con cuidado de no despertarla, se separó de ella, cogiendo la sábana con él y echando sobre el cuerpo de la chica la colcha de color blanco. Anudó la tela a su cintura y la remangó, para poder caminar hasta la terraza. Al salir, lo primero que hizo fue coger aire con fuerza y dejarlo escapar en un solo suspiro. ¿Qué estaba haciendo? Aún peor, ¿qué le estaba haciendo a ella? Ni siquiera sabía si realmente la amaba. Sabía que la quería, que cuando ella estaba bien, él estaba bien, y que la sola idea de que la pudiese pasar algo le enfurecia y le asustaba a la vez. Sabía que quería protegerla de cualquier cosa. Pero no sabía si los te quieros podrían ser te amos. Incluso había llegado a pensar que simplemente la quería como un hermano mayor y que la cuidaba por el sentimiento parterno-filial que despertaba en él. Y si a eso le sumaba su forma de ser con ella, entonces su cabeza se volvía un huracán de pensamientos.
Se apoyó en la balaustrada de la terraza, mirando la bóveda celeste. Brillaba. En ese instante, escuchó la cortina descorrerse y se incorporó. La figa de la chica se dibujó a través del cristal, que ella abrió.
- ¿Qué haces ahí?
- Pensar.
- Entonces te dejo con tus pensamientos.
- No, por favor. Ven.
La tendió la mano y ella sonrió. Él se sintió egoísta de pronto. Cuando sentía la necesidad de tocarla, ella siempre estaba ahí. Cuando necesitaba palabras de consuelo o abrazos o una simple mirada cómplice, ella estaba ahí. Pero cuando él no quería o no se sentía con ganas de escuchar los problemas de nadie, ni de comerse la cabeza, ella no lo molestaba con absolutamente nada. Ni siquiera le besaba si él no lo hacía primero. Para no molestarle.
Odiando su estupidez, aferró la mano de la chica y tiró de ella hasta acercarla a su cuerpo. Como la sábana la tenía él, la chica estaba desnuda frente a él. El chico se quitó la tela y la hizo una seña para que se acercara a su cuerpo. Ella dio un paso y apoyó la cabeza en su hombro y las manos en su pecho, sintiendo en las yemas de los dedos la piel caliente del chico. Él volvió a enroscar la sábana alrededor de sus cinturas y luego dejó sus brazos descansando sobre la cadera de ella, quien le miraba con esa sonrisa que a veces, era como un puñal en medio del corazón.
- ¿Estás bien?
- Sí. Realmente... - las palabras se atragantaron en su garganta.
- Si estás bien, entonces ya está - sonrió ella, dándole un ligero beso en la mejilla.
Por el amor de dios, ¿acababan de hacer el amor durante casi toda la noche y ella le daba un beso en la mejilla? ¿Cómo podía él haberle dado la imagen de tipo cretino que se comporta de forma fría frente a sus ojos? Poco a poco se daba cuenta de que quizá, no fuera eso lo que él buscaba.
- Me gusta tenerte así - susurró, bastante bajo.
Ella entrelazó los brazos en el cuello de él, besándole bajo la oreja para luego susurrar:
- Te quiero.
- Yo también te quiero - murmuró él -. Puede que este no sea un te quiero de película, ni el que esperabas, que es peor, pero...
- Pero es tu te quiero - atajó ella, volviendo a mirarle -. Lo has dicho tú y es para mí. No necesito nada más que eso.
El chico la acarició la mejilla con suavidad, mirándola a los ojos para verlos brillar tanto o más que las estrellas que se suspendían en el firmamento.
- Lo siento. Por ser como soy. Pero es que siento que no es necesario gritarle al mundo lo que siento. Prefiero susurrártelo a ti. Es solo que a veces pienso que tú te mereces algo mejor que un cretino con piel de cordero como yo - dijo, desviando la mirada.
- No lo sientas. Yo se lo que quiero y lo que siento. Y siento que te quiero. A ti. Tal y como eres. Aunque no me beses a menudo ni delante de nadie porque eso te incomoda de sobremanera, aunque no vayamos cogidos de la mano por la calle, me gusta como me miras cuando no estoy a tu lado, me gusta como estamos cuando estamos solos, me encanta que me hagas el amor como si yo fuera la única mujer del universo. No tienes derecho a pedirme perdón por hacerme sentir la persona más feliz del mundo - susurró.
Esta vez, fue ella quien le besó. Él se quedó algo sorprendido al principio, pero después aquel cálido sentimiento que la chica despertaba en él se encendió y sus manos se aferraron más fuerte a su cadera, para empezar a recorrer su espalda desnuda lentamente, mientras con sus labios entreabrió la boca de la muchacha y profundizó aquel beso, buscando con su lengua la de ella para juguetear, conviertiéndolo en una salvaje y dulce tortura para los dos.
- Te quiero - musitó él al separarse unos centímetros para dejarla respirar. Aquello le había salido del corazón.
Ella sonrió y con sus labios cortó el hilillo de saliva que unía sus bocas para dejar que el chico volviera a devorarla como si se le fuera la vida en ello. Sus manos comenzaron a buscar la piel, a rozarla con sutilidad.
Una última mirada y la noche se hizo eternidad.


Si me buscas, estoy en el cielo. Porque existe, y tiene tu nombre.
http://www.youtube.com/watch?v=ofA3URC1wyk



La estupidez es el cuento de mi vida. Pero la felicidad tiene un nombre... ¡FIN!


Siempre es siempre.

sábado, 5 de junio de 2010

Forever.

Esta es la primera vez que siento que me quedo sin palabras, que el mundo es magnífico, gira en torno a mi felicidad y nada puede estropear nuestros momentos juntos. Han sido dos años. Dos años de intensa convivencia. Que han desembocado en esto.

http://www.youtube.com/watch?v=KVir_68wyH0

Son muchos los momentos, muchas risas, muchos gritos y enfados, muchos momentos inolvidables, tantos, que no tendría blog suficiente para describirlos. Ha sido hasta el momento la mejor época de mi vida, una etapa que jamás olvidaré porque siempre, siempre estareís ahí. No se puede olvidar algo que el corazón siempre recuerda.




http://www.youtube.com/watch?v=rQi8wEHMm5Y
Digamos que todavía no he llorado. Porque realmente no soy consciente de que todo esto, se ha acabado. Cuando lo sea, no habrá pañuelos suficientes en mi casa como para quitarme todas las lágrimas que dejaré caer. Hasta entonces, solo decir GRACIAS A TODOS, CHICOS. SOIS LOS MEJORES.
FOREVER YOUNG.